domingo, 6 de junio de 2010

No me hagas enojar!


Mi hija (si, otra vez mi hija, que quieren?) llegó un día diciendo: “Mamá, fulanita me sacó la lengua!!” estaba a punto del llanto y su voz se entrecortaba, yo me mostré exageradamente alarmada y le abrí la boca mientras gritaba: “Nooooo!” ella me miraba desconcertada mientras yo fingía revisar que su lengua estuviera en su lugar, luego suspiré y dije: “menos mal, tu lengua sigue ahí, no dijiste que fulanita te la había sacado?”, mi pequeña se empezó a reir y dijo: “no Mamá, no mi lengua, sacó SU lengua” y entonces le dije: “aaaaah bueno, pero esa lengua es suya, deja que haga con ella lo que quiera”. La lección es clara, lo que te hace enojar o sentir mal, no es lo que la otra persona hizo, es tu propia forma de reaccionar a lo que otro hace.

Yo no soy una persona de carácter fácil, si bien la mayor parte del tiempo me río y bromeo de todo y por todo, también suelo perder el control con las cosas que se salen de mi área de influencia, hoy fue uno de esos días, el por qué no viene al caso, el hecho es que reaccioné perdiendo la calma, haciendo reproches y hasta llorando, después, cuando todo había pasado, mi Papá se acercó y me dijo: “mírame a mí, mi espíritu es fuerte, soy más inteligente que mis impulsos, tú eres inteligente, o no?” parecía como si me dijera: “era su lengua o la tuya?”

Después entré un rato a twitter, red en la que participo con frecuencia, y por la razón que haya sido, más de una de las personas con las que interactué expresaban su molestia por algo que dije o la forma en que lo dije y otros hasta por lo que no dije y me daban ganas de decir: “es tu lengua o la mía?”. Nos es increíblemente fácil encontrar culpables para todo, inclusive para nuestro sentir y la forma de expresarlo, siempre que hablo de este tema pienso en el arte, es sin duda un buen ejemplo, siempre existe la probabilidad de que lo que el autor de una pieza musical, pintura, escultura, incluso un libro que podría parecer más explícito, no se parezca en nada a lo que el lector, espectador, público o lo que fuere, sintieron al entrar en contacto con la obra, porque hay una carga emocional diferente en cada ser humano, marcada por su educación, su contexto y sus propias, individuales y únicas experiencias.

Debo confesar que más de una vez me he jactado de tener bien claro este concepto: “yo soy dueña y responsable de mis sentimientos, no es que tú me hagas enojar, es que yo elijo enojarme por lo que tú hiciste” y sin embargo hay situaciones con las que pierdo la cabeza, como hoy.

Nadie dijo que fuera fácil esta tarea de hacerte responsable de lo que sientes, pero si lo logras, (conozco además de mi Padre a más de uno que lo ha hecho) vivirás más tranquilo, porque te sabes responsable de lo que dices mas no te sientes culpable de cómo el otro reaccionó al escucharlo (ojo, repito, te haces responsable de lo que dices), además, dejas de endilgarle a otros, culpas que no les corresponden.

YO decido quien influye en mi ánimo y de qué forma, y para quien ha decidido que yo influya en el suyo, tengo que agradecerlo, es un honor.

Por mi parte, he decidido que a partir de hoy, como un sano ejercicio, cuando me den ganas de andar buscando culpables, correré al espejo más cercano y me diré en voz alta: “No me hagas enojar!”

domingo, 30 de mayo de 2010

Te extraño, del verbo extrañar.


Extrañar, de acuerdo a la Real Academia Española, viene del latín extraneāre que en su acepción más básica, primaria, es un verbo transitivo que significa: desterrar a país extranjero, es hasta la acepción número cuatro que encontramos lo que probablemente sea lo primero en venir a nuestra mente cuando escuchamos esta palabra: Echar de menos a alguien o algo, sentir su falta.

Seré más específica y le quitaré el “o algo”, me limitaré entonces a decir que extrañar es echar de menos a alguien, sentir su falta. Y luego reflexionar sobre el significado más elemental, de su raíz latina, “desterrar a país extranjero” no puedo evitar pensar que aquel que extraña es el mismo que alejó de sí, de una forma u otra a aquel a quien extraña, no no, claro que no, seguramente habrá quien extraña a alguien sin ser el causante de la lejanía, cierto?

Después podríamos hacer una larga lista de las muchas formas de extrañar a alguien, los que creen en los conceptos de paralingüística podrían afirmar que los visuales extrañan esas a las que yo les llamo “fotos del alma” (en algún lado lo escuché) son imágenes que conservamos tan etéreas como vívidas en nuestra memoria, momentos exactos, precisos, perfectos, que se conectan en el corazón.

Si seguimos esta línea podríamos afirmar entonces que los auditivos recuerdan el tono exacto de la voz de aquel a quien se extraña, el ritmo de sus pasos en la escalera, su risa y hasta su respiración, los kinestésicos (o kinésicos) sin duda recordarán con mayor claridad las sensaciones, la piel erizada en aquel primer roce, el empate de perfecto de una mano dentro de otra, la fuerza de su abrazo…

Tendría necesariamente que aclarar que ninguno extraña en una sola sintonía, que como de músico, poeta y loco, tenemos todos un poco, también pasa con lo visual, lo auditivo y lo kinestésico, el hecho es que sea cual sea el tipo de recuerdo que nos ocupa en determinado momento, el evocarlos nos hace suspirar con ese dolorcito clavado en el pecho que casi llega a disfrutarse y una sensación extraña en los lagrimales como si a punto estuvieran de estallar, aunque no siempre pasa.

Luego claro, sería necesario analizar que se hace cuando extrañas a alguien, esto depende de las circunstancias particulares que los separan, y entonces la solución podría ir desde salir corriendo a buscar al extrañado o extrañada, pasando por hacer una llamada telefónica, esperar pacientemente su regreso, hasta aceptar que lo único que te queda por hacer es abrazar el recuerdo, vivirlo, gozarlo, sufrirlo y luego dejarlo ir, o al menos intentarlo.

Otra cosa que se puede hacer es sentarse como yo, a escribir un texto como este en el que trato inútilmente de describir el sentimiento que me aqueja mientras evoco la manita de mi hija llamándome a través de la reja de la casa de su Papá, diciendo: “Mami, me quiero ir contigo” mientras yo me alejaba tratando de hacer lo que ambos consideramos correcto para ella, intentando imaginar como hace con sus menos de siete añitos para lidiar con el sentimiento que yo apenas puedo soportar.

Saber que me extraña y no estar ahí para liberarla de ese sentimiento, me duele tanto o más que extrañarla…y vaya que lo hago, la extraño.

sábado, 22 de mayo de 2010

Hasta el final!




Una de las lecciones mejor aprendidas de mi vida es la del compromiso, lo que yo ahora con mi hija llamo “cerrar círculos” llevar las cosas a cabo, terminar, llegar al límite de la mejor forma posible, en una palabra, cumplir.

Cuando estaba en la secundaria, ahhh… hermosa época en la que las niñas tienen más bigote que los niños y aún así nos enamoramos unos de otros, hasta que después de unos años ves las fotos y te das cuenta de que aquel que te robaba el aliento, era un adefesio con acné, perdón, estoy perdiendo el hilo, les decía, en aquel entonces yo entré a estudiar a una escuela secundaria federal, la famosísima #3 “Congreso de Anáhuac” en Aguascalientes, a la cual yo llegaba con tan solo cruzar el baldío frente a mi casa y aún así llegaba tarde o quizás debo decir, que por tal motivo llegaba tarde, en fin, el caso es que en el primer año, uno debía elegir el taller en el que participaría durante los 3 años de secundaria, la decisión era importante y las opciones únicamente tres: Taquimecanografía, Dibujo Técnico y Electrónica.

Mi condición de niña obligaba casi por default a elegir Taquimecanografía, si elegía Dibujo Técnico me iban a decir marimacha y si elegía electrónica, ni les cuento!! Así que no lo pensé 2 veces y elegí Taquimecanografía, todo iba bien hasta que conocí a la maestra …creo que la Maestra era más famosa que la secundaria misma y el terror que causaba era más sonado que su propio nombre… Sumiko…ni siquiera recuerdo si era nombre o apellido, ah! pero a ella, sí que la recuerdo…

Yo entré a la secundaria en 1987 así que como podrán suponer, escribíamos en máquinas mecánicas y llevábamos un cubre teclado, que era algo así como un mandil con tela doble al frente y una liga con la que la parte superior del mandil se sujetaba a la parte posterior de la máquina, de modo que la tela nos impedía ver el teclado, la maestra Sumiko cuidaba desde nuestra postura en la silla hasta la de las manos, era un grupo numeroso, no exagero si afirmo que seríamos unas 40 niñas, era un salón amplio y cómodo, ahí no había queja, pero la maestra me imponía de una forma que no sé describir, temblaba si se acercaba a mi lugar y mi nerviosismo provocaba que me equivocara, de la taquigrafía ni qué decir, siempre fui fatal, ahora mismo no recuerdo un solo trazo y no sé como hice para aprobar la materia.

Después de un mes de tan enloquecedora tortura, llegué a una conclusión… prefería que me dijeran marimacha. Hice las investigaciones pertinentes y averigüé que aún había lugar en dibujo técnico, así que estaba feliz, con la vida resuelta, lo único que hacía falta era la autorización de mis Papás y listo!! Pan comido murmuré para mi misma… ajá! No sabía la batalla campal que me esperaba!

Cuidé todos los detalles, hasta llevé a la casa un testimonio viviente, mi amiga Claudia, que estaba en dibujo técnico y les contaría a mis padres las maravillas que había aprendido en un mes, todo estaba dispuesto, ya hasta el papelito para firma traía en la mano, entramos a casa y le dije muy sonriente a mi Mamá: “te acuerdas que te dije que la Maestra Sumiko me da miedo? Pues tengo todo arreglado! Me voy a cambiar a dibujo técnico!” mi Mamá borró la sonrisa del rostro, veladamente despachó a Claudia pa’ su casa y me dijo: “que vas a qué?” “a cambiarme a Dibujo Técnico, ya averigüé, aún hay lugar y traigo la hojita para que me la firmes” y sin darme opción a seguir, tomó la hojita, la puso arriba del refri y me dijo: “no.” Bah! Que importa, pensé, más tarde llegará mi Papá, seguro que no me lo niega y me quedé tranquila.

Cuando llegó mi Papá, corrí con el chisme (con una perfecta dosis de drama claro está) y él de inmediato fue a defenderme de mi “injusta” Madre, “la niña no está contenta, si se quiere cambiar y todavía se puede, cuál es el problema”… y la bomba estalló, no recuerdo bien los argumentos de uno y otro sólo que hablaban y hablaban levantando la voz mientras yo esperaba el veredicto, que al final vino de la boca de mi Papá: “te vas a quedar en Taquimecanografía y vas a terminar, la próxima vez que vayas a tomar una decisión a largo plazo, piénsalo mejor” (yo desde luego no sabía ni lo que quería decir “a largo plazo”).

Como buena adolescente dramaqueen fui a mi cuarto y lloré y lloré y lloré y al día siguiente, con la derrota en hombros, acudí a la secundaria y a regañadientes, me presenté de nuevo en el taller, con la Maestra Sumiko, no había opción, así que me apliqué, aprendí todo lo que pude escribí decenas, cientos, miles de páginas (no exagero) aprendí a hacer cartas, oficios, reportes, you name it, I wrote it, y después de 3 años y de muchas curitas en los dedos por las veces que no atiné a la tecla y se me atoró el dedo entre los fierritos, después de muchos papelitos kores que me ayudaron a corregir mis errores y de 3 álbumes que aún conservo, por fin me gradué.

De la Maestra Sumiko les puedo decir que no era tan mala, es más, no era mala en lo absoluto, era una maestra de esas que sabían el balance justo entre firmeza y cariño, que te forzaban tan lejos como podías llegar y luego en la catarsis reconocía tu esfuerzo, es por eso que la recuerdo.

Ahora lo agradezco tanto, ojalá pudieran ver la velocidad con la que mis dedos recorren el teclado, casi sin error, gracias a la maestra Sumiko fui asistente de redacción en un noticiero local a los 16 años y gracias a ella y a mis padres conocí la satisfacción de cumplir con un compromiso asumido, de tomar una decisión y luego, contra viento y marea llevarla hasta su fin, de concretar un objetivo, de saber que una meta cumplida puede ser sinónimo de éxito.

Trato de transmitir esta lección a mi hija y a todos los que me rodean, en twitter, a través de tres convocatorias: #TwitterasAsesinas #TwitterasDesesperadas y aún en marcha #HastaelTwittertienemiedo, iniciativas que buscan crear un foro de expresión para los twitteros de todas las edades y por diversos medios, primero a través de relatos y ahora de podcasts (audios en mp3).

En todas las ocasiones, aproximadamente un 50% de las personas registradas, no termina el proyecto, sé de algunos que empiezan el trabajo y por cualquiera que sea el motivo, no lo terminan, por supuesto hay causas de fuerza mayor que a veces impiden la concreción del proyecto, pero muchas otras, lamentablemente las más, es porque “se echaron para atrás”

Ojalá pudiera transmitirles la emoción de los ganadores de las primeras convocatorias, la satisfacción que expresan la mayoría de los participantes cuando entregan su trabajo, la sorpresa que nos llevamos jurado y organizadores con la calidad, el empeño y el talento del que somos testigos cada vez que uno de los proyectos llega.

Y de nuevo, vendrán las calificaciones y los ganadores y la premiación y estoy segura de que todos los que formen parte de ello, vivirán una experiencia altamente gratificante en más de un sentido.

Gracias Rodrigo por asumir conmigo la responsabilidad de este esfuerzo y entregarte a él en cuerpo y alma, gracias Evielkhon por haber hecho de nuevo derroche de tu talento por el sólo gusto de apoyar, gracias a los patrocinadores, al jurado y sobre todo, mi agradecimiento y reconocimiento a todos los participantes.

En cuanto al resto, me quedan 2 horas para insistir, para presionarlos hasta donde creo que pueden llegar así que seguiré haciéndolo…

Y al dar la media noche, al igual que todos los que hayan hecho su parte, podré decir: misión cumplida y arrancaré junto a ellos la nueva etapa… otra vez, hasta el final!

viernes, 14 de mayo de 2010

Festival del Día de las Madres...



Mi hija se fue hoy a dormir, no sin antes ensayar los pasitos de baile que le tocará realizar mañana en el Festival del día de las Madres, tiene que ir vestida de mallones, blusón, cinturón ancho y aretes grandes y todavía entre paréntesis la maestra escribió “(Flans)” sabiendo que las Mamás de mi generación ubicamos perfectamente el look aquel que se lograba a base de un tubo para el cabello y dos litros de aquanet, había otro, el punk algo, como olvidarlo! Era azul y si se te ocurría mojarte el pelo después de peinada, estabas perdida, el pelo quedaba tieeeeeso tieso y se hacía blanco si además se te ocurría pasarte un cepillo por encima.

Ah, que tiempos aquellos pero eso era en mis días de secundaria, antes de eso, unos cuántos años atrás, cuando yo estaba en la primaria, cuando todavía mi peinado dependía de mi Mamá así como la decisión de usar laca o limón para que hasta el más pequeño pelo quedara en su lugar, yo participaba, como lo hará mi hija mañana en el que era prácticamente el evento del año: el “Festival del día de las Madres”… que recuerdos, fui disfrazada de todo: de norteña, de holandesa, con un traje del futuro (consistía en añadir al uniforme unas hombreras hechas de cartón y papel lustre).

Uno de los que más recuerdo fue aquel en el que por alguna razón el coche de mi Mamá no servía pero “al cabo la escuela está cerca” y para mi la mayor vergüenza de la vida fue tener que caminar vestida de huasteca y con huaraches!! Que horror!! 10 cuadras hasta llegar a la primaria, recuerdo que las niñas íbamos todas peinadas iguales, el traje era bonito, me gustaba, pero odiaba los huaraches, todas iban maquilladas menos yo, pero eso era siempre, a esas alturas me había acostumbrado.

Durante los festivales siempre se esperan las mismas cosas, sólo que no se sabe en que momento ocurrirán: el niño que ve a la Mamá y se pone a chillar para que lo bajen del escenario y lo lleven con ella… ejem, esa suele ser mi hija, o solía, ahora aguanta estoicamente hasta el final de la presentación, en fin, decía yo, está también el niño despreocupado al que se le olvida todo o se queda bailando a mitad del escenario cuando todos ya salieron en filita y arranca a las Mamás una carcajada en lo que sale del destanteo, siempre están también los que lo hacen maravillosamente y se ganan comentarios como “mira miraaaa el chiquito de azul, que bien lo hace!” mientras la Mamá se regodea en su incómoda silla plegable rentada por la escuela para tan memorable ocasión.

También hay una parte emotiva, que desde hace 20 años en las escuelas que yo conozco (incluída mi propia primaria) es cuando los niños cantan a coro “…esa mujer de quien hablo, es linda mi amiga gaviota, su nombre es: mi Madre” y empieza el rodadero de lágrimas, las escuelas más vanguardistas ahora incluyen en el repertorio “Mamaaaaaaá hoy quiero decir te aaaaaamoooo”, en la escuela de mi hija cantan además una extrañísima en la que los niños se quejan amargamente diciendo que de grandes no quieren casarse, como va?… ah si “…y me cuesta creer que algún día me casaré oh si, y te dejaré” en esta parte, los que lloran son los niños, no sé si este método de tortura lo inventaron en el colegio de mi hija o si hay alguna otra escuela que conozca la canción (agradecería que me lo dijeran, dicho sea de paso).

En lo personal nunca me ha quedado claro quién se supone que se divierte, generalmente la Mamá pasa horas confeccionando el disfraz, aunque ahora la mayoría de las escuelas te lo enjaretan por una nada módica cantidad pero aún así las sacrificadas Madres elegimos complicarnos la vida, haciéndole un moñito que le combine o cambiando el listón de tal color por uno más vistoso y cosas así, luego al día siguiente, ahi va una toda atarantada y mal dormida a aplaudirle a su chamaco que generalmente odia participar en estos eventos y tiene ganas de darle un patín a la Maestra porque no sólo lo obligan a bailar con alguien del sexo opuesto, sino que además es justo el que le cae gordo… nomás que era por estaturas.

Después, la espera, lo siento por las Mamás de sexto que se tienen que chutar todo el festival hasta ver a sus querubines y las pobres maestras pasando aceite y haciendo changuitos para que el número que prepararon con tanto esfuerzo salga bien y que no, a la mera hora, a un niño se le olvide entre quien y quien iba al cambiar de lugar y entre que unos le recuerdan donde iba y otros se destantean con el olvido del primero, se pierda la hermosa figura preparada para el baile que les salía perfectamente en los ensayos.

Luego viene el regalito, claro, florecitas, sachetts, marquitos de pasta seca elaborados por ellos mismos, las huellitas de sus manos enmarcadas, una tarjeta recortada toda chueca que adentro dice: “Eres la mejor Mami del mundo” cosa que nos emociona hasta que advertimos que todas dicen lo mismo porque la maestra se los puso en el pizarrón para que lo copiaran.

Y cada año, desde que yo tengo uso de razón, desde que asistía como norteña, niña del futuro o huasteca, hasta ahora que voy como homenajeada, la cosa no cambia, los festivales tienen siempre los mismos elementos y si yo fuera de verdad muy mala calaña me atrevería a cuestionar, entonces, por qué jijos los siguen haciendo? No podrían mandarnos un regalazo, así todo envueltito bien bonito con el mismo dinero que usan para el evento? O que tal si nada más les dan el día y ya nos vamos cada quien con su cada cual a festejar a donde se nos pegue la gana?… por qué el festival?

Cada uno de ustedes tendrá sin duda su propia percepción, su propia respuesta, su propio por qué, yo, ahora, releyendo esta entrada y viajando muy atrás en mi memoria, encuentro algunas razones, de hecho más que evidentes: el que te involucres con tus chaparros en la consecución de un objetivo, que cada uno perciba lo importante que es para el otro el dedicarse un día especial, el que tu hijo sienta tu apoyo y tu emoción cuando te ve sentada entre el público, aplaudiendo como si tuvieras enfrente al mismísimo “Potrillo”, el que tus ojos se llenen de lágrimas incontenibles con una canción cursi cuya letra te sabes de memoria pero que logra tocarte la fibra más sensible del corazón, su sonrisa o su llanto desde el escenario, buscándote siempre, para saludarte, para agradarte, para comprobar que ya poco importan el disfraz, la música y el regalito, solo importan esas dos miradas inseparables buscándose entre el gentío para decirse el uno al otro: “estoy aquí”.

Para eso lo hacen, para recordarnos, aunque ni debería hacer falta, que estamos unidos por siempre y eso, hay que celebrarlo.

Feliz día de las Madres!

viernes, 30 de abril de 2010

Con la luz encendida...




Ah…la tierna infancia, los momentos en los que como decía mi Madre y ahora repite con sus nietos “tu única obligación es estudiar y divertirte” porque en mi casa no se daba mucho eso de otorgarnos tareas de orden y limpieza, mi Madre decía que ya tendría tiempo de fastidiarnos con eso cuando fuéramos grandes, jamás recuerdo que me haya dicho: “recoge tus juguetes”, “tiende tu cama”, ni siquiera “levanta tu plato”…y yo que sé, quizás debió hacerlo pero, cada Mamá es un mundo.

Les cuento que nací en el DF pero de muy niña llegué a vivir a Aguascalientes, si, era 1981 y yo tenía 6 añotes, al paso del tiempo, me di cuenta de que mi educación no era igual a la de otros niños aquí, ellos si tenían que levantar su plato y “lavar la loza” y cumplir con tareas tortuosas como “arreglar su cuarto”! Recuerdo que mi Mamá nos dejaba brincarnos la sopa si no nos gustaba y pedir doble de lo que quisiéramos, esto era una complejidad cuando íbamos a la casa de algún amiguito a comer, se servía la comida en orden y te acababas todo o no había postre, además no se prendía la tele ni se leía en la mesa y estaba terminantemente prohibido abrir la puerta o contestar el teléfono, retrógradas!

La defensa de mi Madre cuando le preguntaban por qué nos dejaba brincar platillos o pedir doble siempre era la misma: “a un adulto no le obligas a comer lo que no le gusta verdad?, por qué has de hacérselo a un niño?” ya! Alto! Ni me digan! Imagino lo que están pensando, desde “eso explica muchas cosas” hasta “la retrógrada era tu Madre”, sin embargo, mal que bien, con sus ideas y como pudo y quiso, nos sacó adelante y aquí estamos.

Uy! Cuántas cosas recuerdo de mi infancia, mis juguetes favoritos incluían una casita de galletas, varios cariñositos, con el cariño móvil, claro está, una Mary Pecas, no recuerdo nada Lilly Ledy pero seguro lo tuve, un mono horrible que se llamaba Micheloso, lo dicho, era horrible, pero bueno, estaba de moda, unos juegos llenos de agua a los que les apretabas unos botones para que unos aritos subieran y se ensartaran en palitos de diferente valor que te daban puntos, no recuerdo como se llamaban pero salían con Chabelo, mi hermano siempre tuvo los juegos más vanguardistas tuvo el atari, el pong, el fabuloso Fred, bueno, ese era de todos, ah! y tuvo el Halcón Milenario de StarWars! No no, que cosa, cuántos recuerdos, lo que más presente tengo era una lámpara de casita, toda de acrílico blanco con rojo que mi Mamá me dejaba tener prendida toda la noche, yo no concebía un mundo sin luz, si, siempre tuve pavor a la oscuridad y de nuevo, contrario a la educación de la mayoría de mis amigos, yo, si quería, podía tenerla prendida toda la noche, no me hagan mucho caso pero creo que fue así hasta los XV años.

Mi madre claro tenía sus propios métodos de disciplinarnos, porque una cosa era no torturarnos con tareas que ella consideraba para adultos y otra muy diferente dejar que evadiéramos nuestras responsabilidades, en aquel entonces yo, como casi cualquier niña de mi edad, tenía el pelo laaargo laaaargo, al más puro estilo de Lucerito, entonces mi Madre para asegurarse de que yo hiciera la tarea, amarraba mi pelo al respaldo de la silla, oh si, leyeron bien (es tarde para llamar al DIF) y entonces sentenciaba: “no te paras hasta que no termines la tarea” y a mi que eso de seguir órdenes no me ha salido nunca muy bien, una vocecita me decía: “pues no terminas la tarea hasta que no te suelte” y a la voz de a ver quien se cansa primero, mi Madre solía acercarse a las 10 u 11 de la noche, soltarme el pelo y llevarme a la cama, generalmente yo llevaba ya dos o tres horas babeando sobre mis cuadernos y en la mañana antes de irme a clases hacía la tarea con las patas y llegábamos en safe.

Mi Papá supo ponerle fin a estos vergonzosos episodios, cuando por enésima vez llegó a casa y me encontró amarrada a la silla, se puso fúrico y dijo “si la niña no quiere hacer la tarea, que no la haga” mi héroe! Pensé yo, claro, él si me quiere, y me llevó en sus brazos a la cama donde dormí como un angelito.

A la mañana siguiente, cuando mi Mamá me despertó para ir a la escuela, recordé que tenía kilos de tarea, no alcanzaría a hacerlos esa mañana, así que intenté fingirme enferma y ni siquiera accedí a ponerme el uniforme, debí estar en tercero de primaria o algo así, el caso es que escuché a mi Papá subir la voz, a mi Mamá tratando de calmarlo y cuando sentí sus pasos en la escalera, me estremecí, “me cacharon!” me llevó a rastras y en pijama hasta el coche, mi hermana ya estaba lista en el asiento delantero y así nos fuimos, yo no podía creerlo! Entre la vergüenza de andar en pijama y la de no haber hecho la tarea no sabía que era peor. Mi hermana se bajó corriendo y entró a la escuela, yo por supuesto me negué a hacerlo, mi Papá abrió la puerta trasera, me tomó como a una muñeca de trapo y me aventó a la banqueta, chillando como marrano sacrificado, en pijama y hecha un desastre, aún no podía creerlo, acto seguido sacó la mochila, me la tiró encima, cerró puertas y se fue.

Es curioso, no recuerdo que pasó después, sólo que jamás hasta el fin de la Maestría, dejé una tarea sin hacer, y la prueba de que aquella fue una buena decisión, son mis boletas tapizadas de dieces que mi Mamá aún conserva con orgullo.

Ey, pero no! Guarden las antorchas, no era ninguna barbaridad, era…su forma de educarme.

Hace un par de años recibí un correo que decía: “antes, si le decían a tu Mamá que la Maestra te había regañado, te ponía una tunda de aquellas y al día siguiente iban juntos a disculparse con ella, ahora, si le dicen a tu Mamá que la Maestra te regañó, al día siguiente tu Mamá, tu psicóloga y el abogado de la familia, están en la escuela presentando una queja por maltrato infantil y una demanda penal en contra de la maestra, por daño psicológico” me moría de risa cuando lo leí, creo que expresa bien lo mucho que han cambiado los tiempos.



Y aún así, los recuerdos de mi infancia son de lo más felices, solía llegar de la escuela, hacer la tarea mientras mi Mamá cocinaba, luego comíamos, veía la tele un par de horas y me salía a patinar con los vecinos de la edad, estábamos todo el día en la calle, solitos, hasta que las Mamás salían de todas las casas para llamarnos a cenar, ahí terminaba la aventura y hasta otro día.

Agradezco infinitamente la libertad con la que me permitieron crecer, tanto como la mano dura que ejercieron cuando fue necesario, es algo que ahora como Mamá, trato de aplicar y no siempre es fácil, una vez me preguntaron en twitter: “a poco no le quitarías a tu hija todos los obstáculos del camino si te fuera posible?”

Mi respuesta fue inmediata y contundente: “no, por supuesto que no”

Esa claro, soy yo, quizás ante sus ojos, una retrógrada, que deja que su hija se salte la sopa y duerma toda la noche con la luz encendida.

martes, 30 de marzo de 2010

Galletas de mantequilla...




Con el desastre de la mudanza que hoy por fin después de tres meses concluye, llegaron cajas y zapatos, bolsas y juguetes, libros y… todo mi equipo de repostería, sí! Mi deseo desde los doce años fue aprender repostería, no como una profesión sino como un hobbie, como un placer, un gusto pues, al paso de los años me conformé con repetir una y otra vez la receta de galletas de mantequilla que mi Mamá tenía a la mano, siempre quedaban deliciosas así que el proceso se veía coronado por las sonrisas y los “me das otra?” de los comensales, que satisfacción más plena que es ver el fruto de tu trabajo convertido en éxito, en fin, aquella receta, que aún conservo escrita a mano (con pésima caligrafía) empieza como toda buena receta con un título:

Galletas de Mantequilla

Luego claro, los ingredientes:

750 grs. De harina cernida

250 grs. De azúcar glass

500 grs. De mantequilla (nunca nunca usar margarina porque la galleta encoge y puede perder la forma)

1 cucharadita de vainilla

2 yemas

Esta receta la he preparado muchísimas veces, no sé cuántas pero era obligada cada Navidad, recuerdo que…ah, perdón, falta la preparación:

Se acrema la mantequilla con el azúcar glass. Se incorporan la vanilla y las yemas y al final se agrega la harina…

Saben de que me acordé? De las trencitas de mantequilla, creo que mi Mamá aún conserva la charola en la que horneábamos, olía delicioso, aún ahora, cuando horneo, más que la textura, el color y la famosa prueba del palillo, es el aroma el que me da el punto exacto, probablemente sea la única loca con esa teoría, bueno pero les decía.

Se deja reposar en el refrigerador por una hora, para hacer más fácil el trabajo posterior (es probable, dependiendo de clima de tu ciudad, que la masa se haya endurecido, si es el caso, puedes ablandarla metiéndola 30 segundos en el micro), luego se extiende la masa, se corta de acuerdo a la figura deseada y se hornea a unos 170 grados centígrados por unos 20 minutos o hasta que la galleta esté ligeramente dorada (si tu horno calienta mucho, a 150 grados, deben quedar perfectas).

Mientras horneamos les cuento, me olvidé por mucho tiempo de la repostería, hasta que ya de grande, casada y con mi hija de unos ocho meses de edad, me vi, a causa de mis propias decisiones, desempleada, así que con la ayuda de mis Papás, me metí a clases de repostería para “hacer negocio” los tiempos eran otros, yo luchaba en conjunto, no lo niego, por sacar una familia adelante y sin embargo, al mismo tiempo, estudié repostería como rescatando un sueño, como rescatándome a mi, queriendo sacar fuerzas de las cosas que amo hacer para resolver un momento de crisis, de pronto adivinaba lo que los ex compañeros de trabajo pensarían de la Lic. Tania Valladares anterior Especialista en Desarrollo Organizacional y Comunicación Interna, vendiendo galletitas, pero no me importó, tan no me importó que hice pasteles para muchos de ellos.

Ya deben estar listas las galletas, por cierto, antes de hornearlas, pueden poner un palito de bambú o de papel para usarlas como paletas/galletas en centros de mesa, no es recomendable que sea de madera porque como decía mi maestra “rancian” las galletas, puedes decorarlas con royal icing, betún tipo merengue de colores o barnizarlas con yema antes de hornearlas, a mi Mamá le gustan naturalitas.

Otra cosa importante es que si quieres hornearlas para ser decoradas, debes abrir el horno unos 5 minutos antes de que estén listas y con una espátula de metal aplanar las burbujas para que queden lisitas.

Voilá! galletas deliciosas, ya verán…que les iba a decir?, ah sí, el recuerdo más duro de esa temporada fue ir con mi hija, que apenas caminaba, de tienda en tienda en un centro comercial ofreciendo las galletas decoradas, “son preciosas pero aquí no las pagan” fue la respuesta general, agotada de cargar/caminar con Luna nos sentamos en el área de comidas y una Señora vió las galletas (que ahora venden en todas las tiendas en las que me dijeron que no), le gustaron, compró un par, intercambiamos datos y a la semana le vendí doscientas galletas para un evento, que curioso, a menudo hablo de que cuando dejé de trabajar me dediqué a las ventas, pero siempre obvié ese momento y ahora que lo pienso, fue el momento exacto en el que empecé a vender, a advertir una oportunidad y tratar de repetirla una y otra vez, generando ganancias y bueno, otros hechos y decisiones me han traído a este momento, tan lejos de aquel otro…

Es curioso sentir nostalgia por los momentos en que tu necesidad era mayor, tu situación más desesperada y tu esfuerzo más agotador, quizás se deba a que te reconoces de nuevo, a que sabes que fue la gestación del momento que vives ahora, después de todo, nunca se sabe lo lejos que pueden llevarte unas galletas de mantequilla.

Que las disfruten.


domingo, 28 de marzo de 2010

Amar así...





Llego exhausta de uno de esos eventos deportivo-familiares, que los colegios realizan cada año con el objetivo de promover la integración y recaudar fondos para… para… para lo que sea que necesiten recaudar fondos, luego de cobrar esas mensualidades.

He de confesar que asistí a regañadientes, como cada año, no soy lo que se dice, alguien que brille en sociedad, pero la emoción de mi hija por la promesa de su Maestra de que los que llegaran puntuales recibirían un aplauso, me desarmó, y allá fui…

Durante la tradicional tabla gimnástica con aritos y pompones, aplaudí rítmicamente de acuerdo a la música en turno por no desencajar y en las primeras competencias me dediqué a criticar a las Mamás y Papás desgañitándose: ESE ES MI HIJOOOOO!!!! y a observar las actitudes de los pequeños, unos ocultando su vergüenza mientras volteaban para otro lado y otros, los más entusiastas, saludando efusivos a sus progenitores.

El turno llegó por fin al grupo de mi hija y en el cerrado final de la competencia me descubrí a mi misma gritando como loca “ESA ES MI HIJAAAAA!!!!” al evento deportivo le sucedieron otras actividades y poco a poco, sin remedio, terminé por integrarme, desde repetir el grito de “ESA ES MI HIJAAAA!!” cuando brincaba en unas ligas, hasta sostener la paleta de colores que usaba para pintar a Bambi y ensuciarme de barro al asistirla en una escultural creación perruna.

De vuelta a casa, ella dormía en el asiento trasero, aún con rastros de maquillaje de batichica, y yo pensaba en que el amor a los hijos se da de forma tan natural, que a veces olvidamos que está ahí, suena radical, pero es así, porque una cosa es que exista y otra que sepamos darlo, estas ideas arcaicas “desde luego que sabe que lo quiero, es mi hijo” prevalecen en muchos de nosotros. Hay tantas cosas que nos distraen del dar amor, el simple día a día, las presiones económicas, la propia educación, que muchas veces nos perdemos en el “tiene todo lo que necesita” y no hemos brindado unos minutos de nuestro tiempo a abrazarlos en total tranquilidad contra nuestro pecho y acariciar su pelo mientras les decimos: te amo.

Esto, como toda reflexión, resume conclusiones a las que es fácil llegar si se tienen dos gramos de seso y uno de sensatez, ahora que hacerlo, es otro tema.

Mientras escribo estas líneas, no puedo dejar de pensar en todas las veces que no he estado cuando mi hija me necesita, en que su llanto no me ha conmovido ni he dejado que su risa me arrastre a un mejor ánimo, la de cuentos que no le he contado, los abrazos que no le he dado y lo cobarde que he sido cuando aún mientras duerme y memorizo su carita, o acaricio su pelo y le beso la frente, descubriéndola pequeña e indefensa entre mis brazos, la rutina del día siguiente me arranca de nuevo de ese estado y no hago nada para volver a él.

He fallado sí y no importa cuánto aprenda cada día, cuánto trate, lo que haga no será comparable a lo que siento por ella: amor eterno e incondicional.

Y la vida se me irá en seguir tratando de que sepa cuánto la amo, es mi deseo que un día a pesar de que las veces que acerté sean para ella tan evidentes como mis errores, ella lo entienda y una mirada baste para decirle todo lo que hasta ahora no he sabido transmitirle.

Hoy, cuando su perrito de barro se cayó al pasto y se hizo pedazos, la abracé para evitar que llorara, recogimos los pedacitos y regresamos al puesto donde lo hizo para reconstruirlo, mientras yo trataba desesperadamente de volverlo a su forma original me miró con una sonrisita que no voy a olvidar, le sonreí yo de regreso y de camino al coche con el maltrecho perro y las manos de las dos llenas de barro me dijo: yo también te quiero.

“Ser Mamá es aceptar que tu corazón caminará por siempre fuera de tu cuerpo.” Elizabeth Stone.