viernes, 9 de julio de 2010

Si te regala flores…

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Desde que la adolescencia asomó las narices (nunca he entendido esta expresión, no tenemos una sola nariz cada uno?) en fin…decía yo, desde que la adolescencia asomó las narices en la vida familiar de los Valladares Dávila, mi Padre, como la mayoría, empezó a tomar las debidas precauciones del caso hablando con mi hermana y conmigo (con mi hermano habrá tocado otros temas, sin duda) de lo que él consideraba que definía a un buen hombre.

Bah! no es que nos haya sentado con las luces apagadas mientras nos mostraba acetatos proyectados en la pared pero si aprovechaba los momentos que el consideraba adecuados, para soltar veladamente algún comentario que nos permitiera, llegado el momento, elegir una buena pareja (eso de "elegir pareja" sonó como a rito azteca, jajaja, en fin, prosigo).

A decir verdad, no recuerdo la mayoría de las cosas que seguramente mi Padre intentó comunicarme, probablemente las hormonas se me salían por las orejas y me impedían escuchar con claridad, recuerdo si, que cuando salí a mi primera cita formal con un muchacho, su consejo fue: si te regala flores, no confíes en él, seguramente lo mire con cara de: “ mi Papá está celoso! ternurita…” no me dijo más, no explicó más, quizás, porque para él el mensaje era claro y llegó a la conclusión de que no requería darme mayores detalles o pensó que en algún momento yo llegaría por mis propios medios a entender el mensaje, cosa que después de un tiempo, ocurrió…sabio el viejo no?

Y ya, fin.

Cómo? no es claro? Ok, sigo entonces, cuando eso pasó yo tenía dieciseis añitos y poco alcanzaba a comprender, luego uno “aprende” del amor, como “aprendemos” todos, o quizás deba decir, que uno va dando de tumbos en el amor identificando que cosa nos duele, en qué momento y por qué motivo.

Durante mucho tiempo pensé que solo había una forma de amar y de demostrar ese amor…la mía.

Sé que sería incorrecto generalizar, así que hablaré solo por mi, siempre he pensado que el amor debe ser explícito, abierto entregado, total y he esperado ser amada en igual medida y proporción, eso realmente no representaría un problema, a menos que espere que el otro diga las cosas que quiero escuchar, justo en el momento en que quiera escucharlas, cuesta mucho, quizás demasiado, entender que existan en efecto, otras formas, no de sentir amor, sino de demostrarlo.

Pasó el tiempo, salí con otras personas y seguía sin entender bien a bien el tema de las flores y el de aceptar que hubiera alguien que amara diferente y de pronto un día, se me ocurrió volver a pensar en el consejo de mi Padre “si te regala flores, no confíes en él” …que diantres había querido decirme? y entonces, ya bastante más grandecita, llegué a otra conclusión (personalísima como todo lo que expongo aquí): la mayoría de nosotros pensamos que nuestra forma de amar o en general de relacionarnos con otros, es la adecuada, quizás aceptemos nuestras limitantes y fortalezas pero en general, tenemos una razón justificada para ser como somos, y entonces me dio por analizar a mi Padre y su forma de demostrar amor.

Ya dije en otra entrada que no puedo recordar un día en el que mi Papá me haya dicho expresamente, directo y mirándome a los ojos: “te quiero” y sin embargo lo tengo clarísimo, me quiere! me adora tanto o más de lo que yo a él…y como lo sé? por sus acciones, una callada forma de demostrar amor, no solo hacia mi, también hacia mis hermanos, a sus nietos (bueno, con ellos ya se deschonga un poquito), hacia mi Mamá y hasta a nuestras mascotas!

Cada vez que llegué tarde y veía la luz de su cuarto apagarse al escuchar el sonido de las llaves abriendo la cerradura y cuando sabe que es el día en que mi hija se va con su Papa y llega como tres horas más temprano de su trabajo para asegurarse de alcanzar a despedirse de ella.

De las pocas cosas que recuerdo de cuando era niña, era verlo llegar con bolsitas de la dulcería de Sanborn's, generalmente traía unos huevitos de chocolate con una cubierta blanca con pintitas, nunca me gustaron mucho pero era signo inequívoco de que algo bueno le había pasado y era su forma de compartirlo con nosotros y era razón de más para comerlos gustosos (cuando le daba por las tortugas con nuez, yo era la más feliz).

Y así, sin te quieros, sin flores y sin escandalosas demostraciones de cariño, crecimos rodeados de su inmenso amor.

Un día, sólo para comprobar mi teoría, le pregunté por qué me había dicho aquello de las flores y me dijo: porque si alguien quiere convencerte con flores, palabras y adornos de lo mucho que te quiere, muy probablemente se deba a que no está dispuesto a hacer lo necesario para demostrártelo por medio de acciones.

Ya ya, no se puede generalizar, es su punto de vista, su concepto, su propia idea del como demostrar amor, su propia forma de hacerlo, pero saben que? yo lo creo y lo tomé como una regla, las flores son hermosas, me gusta tener flores naturales en casa cada vez que puedo, cambian el ambiente de una forma impresionante (aunque no soy la más indicada para cuidarlas cuando se trata de plantitas completas), únicamente dos veces en mi vida me han regalado flores (ojo! semáforos y bares no cuentan) las primeras cuando cumplí veinte años y ese cuate... pues qué les digo? confirmó la teoría de mi Padre y las segundas cuando mi hija nació y eso porque mi Madre bajo amenaza de muerte a mi marido lo obligó a ir a comprar un ramote que yo pudiera ver cuando despertara.

Sí, son lindas las flores, me encantan (no las rosas rojas por cierto) pero si hay que elegir, prefiero una llamada para saber como estoy, una sonrisa de apoyo cuando es evidente que la necesito, un abrazo que me haga estremecer cuando las palabras sobran, una carcajada abierta por una tontería que se me ocurrió, un cómodo silencio aderezado de cuando en cuando por miradas y sonrisas cruzadas, una callada forma de demostrar amor.

Ah! casi lo olvido, aquella primera cita no me entregó un ramo de flores y aunque las cosas no salieron como se esperaban, hoy después de dieciocho años puedo sin duda contarlo entre mis amigos.

Y bueno, yo que sé, "mi Padre y sus ideas" podría decir, lo cierto es que cuando mi hija entre a su etapa adolescente y salga por primera vez con un muchachito con intenciones románticas, seguramente le advertiré: "Si te regala flores, no confíes en él"...

jueves, 1 de julio de 2010

Apeligramos ganar…

Imagen 196blog

Hay muchas frases de esas que se topa uno en revistas maravillosas como el Selecciones o en las páginas estilo frasecélebre.com que dicen cosas como:

“El hombre no tiene peor enemigo que él mismo”-Cicerón

Les aseguro que la mayoría, leemos y asentimos…a este respecto quiero contarles algo, probablemente lo cite mal porque no lo recuerdo con claridad, pero el punto es que durante la lucha de la izquierda Uruguaya por llegar al poder, después de años de intentos, cuando por fin estaban cerca de ponerse a la cabeza del país, un hombre sencillo dijo: “Apeligramos ganar”.

Esa frase se quedó muy grabada en la cabeza porque durante mucho tiempo, quizás debiera decir que aún ahora, el éxito en cualquier ámbito me produce un pánico casi indescriptible y estoy convencida de que no soy la única loca que lo siente, por eso me gusta la anécdota porque aquel hombre con toda su sencillez, expresó de forma clara y contundente el sentimiento que lo inundaba, que inundaba a toda la izquierda del país en ese momento, que inunda a todos los que en determinado momento nos vemos cerca de alcanzar una meta.

El ejemplo más claro que puedo compartirles de mi vida personal, ocurrió cuando estudiaba en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, hicimos una muestra de comunicación y dos estudiantes del primer semestre debíamos dar una plática describiendo los diferentes modelos de comunicación y el porcentaje en el que lo que comunicamos es verbal o no verbal, en fin, recuerdo que nos impusieron a una compañera (que a decir verdad en este momento no recuerdo quien era) y a mi, representar al grupo, la UAA es una Universidad grande, muchos estudiantes y muchos Papás, así que el día del evento, el Auditorio Dr. Pedro de Alba estaba a reventar, no sé el cupo debe ser de entre 200 o 300 personas, el caso es que tras bambalinas, desde mi perspectiva, era una multitud a la que nunca me había enfrentado, de pronto, me costaba trabajo respirar profundo, como si al querer hacerlo hubiera otra cosa ocupando mi pecho y el aire no encontrara lugar, no estaba temblando pero me frotaba las manos incesantemente y caminaba de un lugar a otro, pensé que iba a desmayarme cuando dijeron nuestros nombres y salimos a hacer la presentación… ufa!! nunca me sentí tan bien, la gente escuchaba lo que yo decía (o al menos esa era mi percepción), conseguí moverme con seguridad por el espacio, lograr una sincronía perfecta con la aparición de las imágenes en la pantalla, el tono exacto que mi voz requería y las inflexiones que daban a mi discurso el efecto deseado. Al terminar, el público por supuesto aplaudió, agradecí y salí del escenario, ahí si que casi me muero, me temblaban las piernas y todo me daba vueltas, pasé el resto del evento recobrando el aliento detrás del escenario y cuando por fin salí, me encontré con abrazos, felicitaciones y buenos deseos…que sentimiento!!

Después a lo largo de mi experiencia profesional, he tenido la fortuna de encontrarme frente a momentos similares…y siempre es igual, el impedimento para respirar profundo, las manos frotándose, camino como loca, salgo, ejecuto y luego desfallezco, después, de nuevo el reconocimiento…y lo seguiré haciendo, una y otra vez, las veces que me sea posible, porque he descubierto que más allá de la respuesta que logro obtener del público en cuestión, más allá de las posteriores felicitaciones y los aplausos…lo que verdaderamente disfruto es encontrarme con mi propia capacidad de dar un paso al frente.

Ya sé! ni me digan, varios a estas alturas de la entrada deben estar pensando cosas como: “ay, esta arrogante, echándose porras y hablando de sí misma y de los que considera sus grandes logros”. A menudo hablo de que nos educaron para pensar que es equivocado celebrar nuestros propios éxitos, pero ese ya será tema de otra entrada, de momento los invito a romper ese paradigma y seguir leyendo.

A ver si consigo explicarme mejor: cuando empiezan la ansiedad y la dificultad para respirar y todo eso, hay una vocecita que me dice: alto! hazte la enferma, pídele a alguien que lo haga por ti, desmáyate, finge que tienes que salir de emergencia en fin, cualquier cantidad de cosas como si tuviera en uno de mis hombros al diablito y en el otro al angelito de las caricaturas y siempre, llegado el momento, hay un impulso más fuerte que me hace dar un paso adelante y decir: va! y que salga lo que tenga que salir.

Y eso es simplemente un ejemplo, un ámbito, una circunstancia, me ha pasado con todo, cuando asisto a una cita para conseguir un cliente, cuando emprendo un negocio, cuando salgo con alguien, incluso cuando mi hija participa en algún evento, este pavor inexplicable y absurdo de que las cosas salgan no solo bien sino extraordinariamente bien, me pasma.

Les ha pasado o es este un soliloquio que sólo comparte conmigo aquel hombre sencillo del Uruguay? en todo caso, si les ha ocurrido y por cualquiera que sea la razón se han quedado pasmados, si como yo, han estado tentados a autosabotearse y ceder ante obstáculos inexistentes colocados por ustedes mismos, los invito a hacerse esta pregunta: Que triunfo puede ser más grande que el de vencer nuestros propios miedos?

Apeligramos ganar…corramos el riesgo entonces, vale la pena, adelante!

jueves, 24 de junio de 2010

Mi fiesta de Rosita Fresita



Hace una semana celebramos el cumpleaños número 7 de mi hija, cada año desde que nació he procurado que esa fecha sea inolvidable para ella, algunas amigas bromean diciendo que cuando cumpla XV años rentaré el auditorio nacional…ya estoy checando fechas.

A decir verdad, creo que si tengo una fijación con las fiestas infantiles, quizás se deba a que fui la única de los tres Valladares Dávila que jamás tuvo una fiesta en salón, si! Culpo a mis insensibles padres de provocar en mi esos terribles traumas psicológicos que han marcado mi vida y que ahora transmito a la siguiente generación. Naaaah, les voy a contar la verdadera historia.

Por algún extraño e inexplicable motivo, no recuerdo nada de mi infancia de los 10 años hacia atrás, por ahí un experto les dijo a mis papás que probablemente un hecho traumático bloqueó mi memoria…la manga que! Dispersa y olvidadiza que soy…en qué iba?

Ah si, el caso es que de las pocas cosas que recuerdo de mi infancia fue una fiesta de mis hermanos, recuerdo vagamente algunos detalles: hubo un mago, había escenario y todo, creo que hay algunas fotos por ahí, lo que recuerdo con toda exactitud, son los bolos. Mi Madre era y es una maga creativa, la clase de Mamá que convierte los platos desechables en padrísimos platillos voladores y los vasos en licuadoras para las niñas, estaban geniales! Yo era super chirris pero no podía esperar para que me hiciera una fiesta así! Con bolos hechos por ella y en un salón grandote, con mago y…todo lo demás que no recuerdo (seguramente sandwichitos, coditos, pastel y gelatina…algo me lo dice).

Como dije antes no recuerdo fechas exactas ni la edad que tenía cuando todo eso ocurrió, recuerdo eso si que ya estando en Aguascalientes, me prometieron que por fin tendría mi fiesta en salón!! Sería de Rosita Fresita y no solo eso!! Mi Mamá se había dado a la tarea de conseguir frasquitos de Gerber para hacer mis bolos…nunca entendí como serían pero seguramente ella lo tenía clarísimo en su mente, para variar, no recuerdo por qué la fiesta nunca llegó, mi Mamá tampoco se acuerda, el caso es que no llegó…y después ya estaba yo muy vieja para una fiesta así. Esa se convirtió entonces en una suerte de asignatura pendiente, una de esas cosas que si no vives a tiempo, ya no viviste! que prueban de una vez y para siempre que el tiempo no regresa…y los momentos menos.

Cuando mi hija cumplió un año, todavía ni caminaba, y yo le hice un pachangón en el patio de la casa de mis Papás que no vean!! Fue de Kitty (otro trauma infantil que ya les contaré), hubo brincolín, dulces, palomitas, pastel, 2 mega piñatas, música, juegos y mil cosas más de las que la pobre ni se enteró porque cayó rendida a media fiesta y la tuve que despertar para tomarle la foto con el pastel, sale toda modorra y malencarada la pobre. Cuando cumplió dos no resistí la tentación y se repitió más o menos la misma historia…y a los tres...la misma cosa.

Cuando cumplió cuatro por fin estaba en edad de enterarse bien de lo que se trataba una fiesta infantil y cumplí MI sueño de fiesta infantil, renté un salón padrísimo, con escenario y todo, hubo un payaso!! El pastel hecho por mi, los bolos retacados de dulces y detalles con su nombre, metimos 60 chamacos en un salón para 30 había una gran lona con su foto a la entrada y otra adentro, el menú incluía pizzas y helado además de una fuente de chocolate y globos de colores por todas partes, si, era MI fiesta ideal…el único problema es que había tantos niños que mi pequeña no lo disfrutó ni un poquito, a 40 de los 60 invitaditos no los había visto en su vida y no es precisamente la niña más sociable del mundo…en MI afán por MI fiesta perfecta, había arruinado su cumpleaños…por si fuera poco repetí el numerito a los 5 y a los 6.

Este año me dijo: “ahora yo organizo mi fiesta” eligió el personaje y nos dijo el número de invitaciones que necesitaba, invitó a todo su salón y a algunos de sus compañeritos del año pasado que quedaron en otro grupo, la lista incluía 25 invitados de los cuales 20 asistieron encantados de la vida, corrieron por el mismo salón en el que había tenido lugar su fiesta de 4 años, brincaron, rieron, jugaron, subieron, bajaron, todos juntos! no había grupos ni pleitos, uno que otro chipote eso si y luego, ya en casa, mientras abría sus regalos, me dijo que era la mejor fiesta que había tenido, claro, esta vez era SU fiesta.

Hasta ahora, después de 7 años, de 7 fiestas, entendí el egoísmo al que la sometí en las anteriores preocupada por hacer la mejor de las fiestas, que todos disfrutaban menos ella… que tan ciega debe estar una Mama para notarlo después de tanto tiempo? En que otras cosas he decidido para ella lo mejor para mi? Que cosas habrá en el día a día que son un reflejo de mis traumas y que bajo la vieja consigna de “quiero que tenga lo que yo no tuve” me ha llevado a imponerle cosas que no son su deseo? Seré capaz de no repetir esos errores? No lo sé, lo intentaré, eso es seguro.

Debió quedarme claro cuando la regañé por querer abandonar el ballet por la natación y me dijo: “es que el ballet te gusta a ti, no a mi”…tenía 5 años.

Aprendemos alguna vez a ser Padres, a respetar sus deseos aún cuando sean unos niños?

Recordé algo que leí (aunque no me acuerdo donde) una anécdota en la que una familia llega a comer a un restaurante y cuando la mesera se inclina hacia el niño y le dice: “a Ud. que le servimos caballerito?” el niño exclama: “miren! Cree que existo”.

Quiero pensar que he aprendido la lección, que mi tarea de protegerla y orientarla no debe interferir con sus deseos y aspiraciones, prometo tenerlo siempre en mente, ojalá pudiera jurarle no volver a fallar.

Ah! y que creen? cuando cumplí 30, mi Mamá nos invitó a su casa, cuando llegamos, me encontré con globos, pastel, vela, mantel y bolos…de Rosita Fresita…tal vez después de todo, para algunas cosas nunca es demasiado tarde.

Gracias Mamá.

viernes, 18 de junio de 2010

No sé de futbol


En temporadas mundialistas todos los medios se llenan de comerciales misóginos que hacen mofa de “las viudas del fútbol” pobres mujeres olvidadas cuyo contacto más cercano con sus hombres se limita a acercarles la botana mientras ven su partido favorito.

Yo veo otra realidad, vivo otra realidad, algunas mujeres verdaderamente apasionadas por el futbol que conocen bastante del tema, otras que les importa un rábano y celebran que sus maridos tengan algún entretenimiento que les permita salir con sus amigas sin mayor cuestionamiento, es pues, una distancia que se agradece, no se sufre! Y otras que como yo, decidimos entregarnos a la pasión…futbolera y con un desconocimiento total del deporte nos desgañitamos gritando GOOOOOOOL!!!!!!!, ÁRBITRO VENDIDO!!!!!!!!!! o cualquier otra consigna que se antoje necesaria.

No sé de futbol porque las pocas veces que me he dedicado a la práctica de un deporte ha sido alguno individual, de egoísta que soy, que quieren que les diga?, durante el bachillerato estuve en la selección de basquetbol, oh si, con todo mi metro y medio, era una bala robando balones, pero después de muchos corajes y un dedo roto decidí dedicarme a cosas menos competitivas y más in como los aerobics, más tarde el spinning, la natación, en fin, era el deporte por hacer alguna actividad física, por estar en forma, por cumplir con un estilo de vida integral, no por aquella pasión que te arrastra a ser el mejor, no no, lo mío lo mío, no es el deporte.

Mi Papá, como muchos otros hombres, sin duda, es de esos que llegan y prenden alguno de los 10 canales deportivos a su disposición y se emocionan viendo un partido de dos horas del deporte nacional de Rwanda y todavía grita como si entendiera un carajo, siempre ha sido así, aplica también para el básquet, tenis, beis, lo que sea, todo ve, todo le gusta, todo lo anima. En sus tiempos infantiles jugó futbol como casi todo niño en México, ese de barrio, de cascarita, de torneos escolares, sin más pretensión que la de divertirse, luego, más grande formó parte de algunos equipos aunque no oficiales, constantes, de las primeras fotos de mi hermano bebé, recuerdo una en la que aparece con todo el equipo de fut de mi Papá…por cierto, era difícil distinguirlo del balón.

Después estuvo en equipos de básquet, cuando llegamos a vivir a Aguascalientes, lo primero que hizo fue inscribir a toda la familia en un club deportivo que por cierto yo odiaba, ya ni existe pero en aquel entonces, la crema y nata de la sociedá asistía ahí…eran odiosos. La raqueta me sacó llagas en las manos y en mi primer clase de atletismo me picó una abeja en la pierna, lo dicho, aquello no estaba dado para mi, mi hermano era bastante mejor en esas disciplinas y mi hermana de plano no tenía ningún empacho en mostrar su total desinterés hacia el tema. Total que mi Papá siguió jugando básquet cada vez que podía y donde podía hasta que un fulano le cayó encima partiéndole una rodilla, problema que le aqueja hasta estos días y ahí acabó la cosa.

El caso es que la pasión que vertía en la cancha, la vierte ahora en el sillón, entiendo su pasión, no la comparto, me involucro por lo menos, pero no la siento, digo que soy Chiva y apoyo al Necaxa, me siento junto a él en todos los partidos que puedo y grito, afirmo y critico al ritmo que él marca, más por convivir con él que porque como dije antes, me importe un bledo o entienda un ápice.

No sé de futbol, pero me encantan los gritos de mi Padre vitoreando las buenas jugadas, tomando el papel de Director Técnico, gritando lo que debe hacerse como si estuviera convencido de que lo escuchan, tiene además un particular estilo para mentar madres, es gracioso y certero. En el partido México - Sudáfrica, cuando en una de tantísimas llegadas nomás no metían gol, se incorporó de su sillón, se rascaba la cabeza y se jalaba los pocos pelos que le quedan en la nuca mientras gritaba: “ME VAN A MATAR DE UN PINCHE CORAJE!!!” yo no paraba de reír, lo disfruto tanto.

Ayer, en el partido México – Francia yo no sabía si el llegaría a tiempo para verlo y arrastré a mi socio (literalmente) hasta un bar para verlo, se reía mientras yo trataba de convencerlo y me decía: eres bien futbolera verdad?, le respondí que no, que sólo cuando jugaba la selección, el pobre al fin más por hartazgo que por verdaderas ganas de asistir, me acompañó, yo gritaba, aplaudía y le tomaba a mi chela mientras el conseguía la clave de internet para conectarse y poder avanzar en el trabajo, eso sí, luego del primer gol se unió a la fiesta y nuestro grito resonó junto al de los otros comensales: CHICHAROOOOOOOOOOOO!!!!!!!

No sé de futbol, pero siempre me conmueve ver a un futbolista llorar después de una derrota a pesar del mayor esfuerzo, besar la camiseta de su equipo, gritar tan fuerte que parece que se le va a dislocar la quijada si abre un poco más la boca, abrazar a sus compañeros sacudiéndoles la cabeza mientras el grito continúa, correr de brazos abiertos por la cancha celebrando su hazaña, me enciende el grito de la tribuna cuando se levantan de su asiento en perfecta sincronía y con los brazos en alto.

No sé de futbol, pero celebro la pasión en todas sus formas. Eso sin duda, lo aprendí de mi Padre.

Y QUE VIVA MÉXICO CABRONEEEEEEEEEES!!!!!!

domingo, 6 de junio de 2010

No me hagas enojar!


Mi hija (si, otra vez mi hija, que quieren?) llegó un día diciendo: “Mamá, fulanita me sacó la lengua!!” estaba a punto del llanto y su voz se entrecortaba, yo me mostré exageradamente alarmada y le abrí la boca mientras gritaba: “Nooooo!” ella me miraba desconcertada mientras yo fingía revisar que su lengua estuviera en su lugar, luego suspiré y dije: “menos mal, tu lengua sigue ahí, no dijiste que fulanita te la había sacado?”, mi pequeña se empezó a reir y dijo: “no Mamá, no mi lengua, sacó SU lengua” y entonces le dije: “aaaaah bueno, pero esa lengua es suya, deja que haga con ella lo que quiera”. La lección es clara, lo que te hace enojar o sentir mal, no es lo que la otra persona hizo, es tu propia forma de reaccionar a lo que otro hace.

Yo no soy una persona de carácter fácil, si bien la mayor parte del tiempo me río y bromeo de todo y por todo, también suelo perder el control con las cosas que se salen de mi área de influencia, hoy fue uno de esos días, el por qué no viene al caso, el hecho es que reaccioné perdiendo la calma, haciendo reproches y hasta llorando, después, cuando todo había pasado, mi Papá se acercó y me dijo: “mírame a mí, mi espíritu es fuerte, soy más inteligente que mis impulsos, tú eres inteligente, o no?” parecía como si me dijera: “era su lengua o la tuya?”

Después entré un rato a twitter, red en la que participo con frecuencia, y por la razón que haya sido, más de una de las personas con las que interactué expresaban su molestia por algo que dije o la forma en que lo dije y otros hasta por lo que no dije y me daban ganas de decir: “es tu lengua o la mía?”. Nos es increíblemente fácil encontrar culpables para todo, inclusive para nuestro sentir y la forma de expresarlo, siempre que hablo de este tema pienso en el arte, es sin duda un buen ejemplo, siempre existe la probabilidad de que lo que el autor de una pieza musical, pintura, escultura, incluso un libro que podría parecer más explícito, no se parezca en nada a lo que el lector, espectador, público o lo que fuere, sintieron al entrar en contacto con la obra, porque hay una carga emocional diferente en cada ser humano, marcada por su educación, su contexto y sus propias, individuales y únicas experiencias.

Debo confesar que más de una vez me he jactado de tener bien claro este concepto: “yo soy dueña y responsable de mis sentimientos, no es que tú me hagas enojar, es que yo elijo enojarme por lo que tú hiciste” y sin embargo hay situaciones con las que pierdo la cabeza, como hoy.

Nadie dijo que fuera fácil esta tarea de hacerte responsable de lo que sientes, pero si lo logras, (conozco además de mi Padre a más de uno que lo ha hecho) vivirás más tranquilo, porque te sabes responsable de lo que dices mas no te sientes culpable de cómo el otro reaccionó al escucharlo (ojo, repito, te haces responsable de lo que dices), además, dejas de endilgarle a otros, culpas que no les corresponden.

YO decido quien influye en mi ánimo y de qué forma, y para quien ha decidido que yo influya en el suyo, tengo que agradecerlo, es un honor.

Por mi parte, he decidido que a partir de hoy, como un sano ejercicio, cuando me den ganas de andar buscando culpables, correré al espejo más cercano y me diré en voz alta: “No me hagas enojar!”

domingo, 30 de mayo de 2010

Te extraño, del verbo extrañar.


Extrañar, de acuerdo a la Real Academia Española, viene del latín extraneāre que en su acepción más básica, primaria, es un verbo transitivo que significa: desterrar a país extranjero, es hasta la acepción número cuatro que encontramos lo que probablemente sea lo primero en venir a nuestra mente cuando escuchamos esta palabra: Echar de menos a alguien o algo, sentir su falta.

Seré más específica y le quitaré el “o algo”, me limitaré entonces a decir que extrañar es echar de menos a alguien, sentir su falta. Y luego reflexionar sobre el significado más elemental, de su raíz latina, “desterrar a país extranjero” no puedo evitar pensar que aquel que extraña es el mismo que alejó de sí, de una forma u otra a aquel a quien extraña, no no, claro que no, seguramente habrá quien extraña a alguien sin ser el causante de la lejanía, cierto?

Después podríamos hacer una larga lista de las muchas formas de extrañar a alguien, los que creen en los conceptos de paralingüística podrían afirmar que los visuales extrañan esas a las que yo les llamo “fotos del alma” (en algún lado lo escuché) son imágenes que conservamos tan etéreas como vívidas en nuestra memoria, momentos exactos, precisos, perfectos, que se conectan en el corazón.

Si seguimos esta línea podríamos afirmar entonces que los auditivos recuerdan el tono exacto de la voz de aquel a quien se extraña, el ritmo de sus pasos en la escalera, su risa y hasta su respiración, los kinestésicos (o kinésicos) sin duda recordarán con mayor claridad las sensaciones, la piel erizada en aquel primer roce, el empate de perfecto de una mano dentro de otra, la fuerza de su abrazo…

Tendría necesariamente que aclarar que ninguno extraña en una sola sintonía, que como de músico, poeta y loco, tenemos todos un poco, también pasa con lo visual, lo auditivo y lo kinestésico, el hecho es que sea cual sea el tipo de recuerdo que nos ocupa en determinado momento, el evocarlos nos hace suspirar con ese dolorcito clavado en el pecho que casi llega a disfrutarse y una sensación extraña en los lagrimales como si a punto estuvieran de estallar, aunque no siempre pasa.

Luego claro, sería necesario analizar que se hace cuando extrañas a alguien, esto depende de las circunstancias particulares que los separan, y entonces la solución podría ir desde salir corriendo a buscar al extrañado o extrañada, pasando por hacer una llamada telefónica, esperar pacientemente su regreso, hasta aceptar que lo único que te queda por hacer es abrazar el recuerdo, vivirlo, gozarlo, sufrirlo y luego dejarlo ir, o al menos intentarlo.

Otra cosa que se puede hacer es sentarse como yo, a escribir un texto como este en el que trato inútilmente de describir el sentimiento que me aqueja mientras evoco la manita de mi hija llamándome a través de la reja de la casa de su Papá, diciendo: “Mami, me quiero ir contigo” mientras yo me alejaba tratando de hacer lo que ambos consideramos correcto para ella, intentando imaginar como hace con sus menos de siete añitos para lidiar con el sentimiento que yo apenas puedo soportar.

Saber que me extraña y no estar ahí para liberarla de ese sentimiento, me duele tanto o más que extrañarla…y vaya que lo hago, la extraño.

sábado, 22 de mayo de 2010

Hasta el final!




Una de las lecciones mejor aprendidas de mi vida es la del compromiso, lo que yo ahora con mi hija llamo “cerrar círculos” llevar las cosas a cabo, terminar, llegar al límite de la mejor forma posible, en una palabra, cumplir.

Cuando estaba en la secundaria, ahhh… hermosa época en la que las niñas tienen más bigote que los niños y aún así nos enamoramos unos de otros, hasta que después de unos años ves las fotos y te das cuenta de que aquel que te robaba el aliento, era un adefesio con acné, perdón, estoy perdiendo el hilo, les decía, en aquel entonces yo entré a estudiar a una escuela secundaria federal, la famosísima #3 “Congreso de Anáhuac” en Aguascalientes, a la cual yo llegaba con tan solo cruzar el baldío frente a mi casa y aún así llegaba tarde o quizás debo decir, que por tal motivo llegaba tarde, en fin, el caso es que en el primer año, uno debía elegir el taller en el que participaría durante los 3 años de secundaria, la decisión era importante y las opciones únicamente tres: Taquimecanografía, Dibujo Técnico y Electrónica.

Mi condición de niña obligaba casi por default a elegir Taquimecanografía, si elegía Dibujo Técnico me iban a decir marimacha y si elegía electrónica, ni les cuento!! Así que no lo pensé 2 veces y elegí Taquimecanografía, todo iba bien hasta que conocí a la maestra …creo que la Maestra era más famosa que la secundaria misma y el terror que causaba era más sonado que su propio nombre… Sumiko…ni siquiera recuerdo si era nombre o apellido, ah! pero a ella, sí que la recuerdo…

Yo entré a la secundaria en 1987 así que como podrán suponer, escribíamos en máquinas mecánicas y llevábamos un cubre teclado, que era algo así como un mandil con tela doble al frente y una liga con la que la parte superior del mandil se sujetaba a la parte posterior de la máquina, de modo que la tela nos impedía ver el teclado, la maestra Sumiko cuidaba desde nuestra postura en la silla hasta la de las manos, era un grupo numeroso, no exagero si afirmo que seríamos unas 40 niñas, era un salón amplio y cómodo, ahí no había queja, pero la maestra me imponía de una forma que no sé describir, temblaba si se acercaba a mi lugar y mi nerviosismo provocaba que me equivocara, de la taquigrafía ni qué decir, siempre fui fatal, ahora mismo no recuerdo un solo trazo y no sé como hice para aprobar la materia.

Después de un mes de tan enloquecedora tortura, llegué a una conclusión… prefería que me dijeran marimacha. Hice las investigaciones pertinentes y averigüé que aún había lugar en dibujo técnico, así que estaba feliz, con la vida resuelta, lo único que hacía falta era la autorización de mis Papás y listo!! Pan comido murmuré para mi misma… ajá! No sabía la batalla campal que me esperaba!

Cuidé todos los detalles, hasta llevé a la casa un testimonio viviente, mi amiga Claudia, que estaba en dibujo técnico y les contaría a mis padres las maravillas que había aprendido en un mes, todo estaba dispuesto, ya hasta el papelito para firma traía en la mano, entramos a casa y le dije muy sonriente a mi Mamá: “te acuerdas que te dije que la Maestra Sumiko me da miedo? Pues tengo todo arreglado! Me voy a cambiar a dibujo técnico!” mi Mamá borró la sonrisa del rostro, veladamente despachó a Claudia pa’ su casa y me dijo: “que vas a qué?” “a cambiarme a Dibujo Técnico, ya averigüé, aún hay lugar y traigo la hojita para que me la firmes” y sin darme opción a seguir, tomó la hojita, la puso arriba del refri y me dijo: “no.” Bah! Que importa, pensé, más tarde llegará mi Papá, seguro que no me lo niega y me quedé tranquila.

Cuando llegó mi Papá, corrí con el chisme (con una perfecta dosis de drama claro está) y él de inmediato fue a defenderme de mi “injusta” Madre, “la niña no está contenta, si se quiere cambiar y todavía se puede, cuál es el problema”… y la bomba estalló, no recuerdo bien los argumentos de uno y otro sólo que hablaban y hablaban levantando la voz mientras yo esperaba el veredicto, que al final vino de la boca de mi Papá: “te vas a quedar en Taquimecanografía y vas a terminar, la próxima vez que vayas a tomar una decisión a largo plazo, piénsalo mejor” (yo desde luego no sabía ni lo que quería decir “a largo plazo”).

Como buena adolescente dramaqueen fui a mi cuarto y lloré y lloré y lloré y al día siguiente, con la derrota en hombros, acudí a la secundaria y a regañadientes, me presenté de nuevo en el taller, con la Maestra Sumiko, no había opción, así que me apliqué, aprendí todo lo que pude escribí decenas, cientos, miles de páginas (no exagero) aprendí a hacer cartas, oficios, reportes, you name it, I wrote it, y después de 3 años y de muchas curitas en los dedos por las veces que no atiné a la tecla y se me atoró el dedo entre los fierritos, después de muchos papelitos kores que me ayudaron a corregir mis errores y de 3 álbumes que aún conservo, por fin me gradué.

De la Maestra Sumiko les puedo decir que no era tan mala, es más, no era mala en lo absoluto, era una maestra de esas que sabían el balance justo entre firmeza y cariño, que te forzaban tan lejos como podías llegar y luego en la catarsis reconocía tu esfuerzo, es por eso que la recuerdo.

Ahora lo agradezco tanto, ojalá pudieran ver la velocidad con la que mis dedos recorren el teclado, casi sin error, gracias a la maestra Sumiko fui asistente de redacción en un noticiero local a los 16 años y gracias a ella y a mis padres conocí la satisfacción de cumplir con un compromiso asumido, de tomar una decisión y luego, contra viento y marea llevarla hasta su fin, de concretar un objetivo, de saber que una meta cumplida puede ser sinónimo de éxito.

Trato de transmitir esta lección a mi hija y a todos los que me rodean, en twitter, a través de tres convocatorias: #TwitterasAsesinas #TwitterasDesesperadas y aún en marcha #HastaelTwittertienemiedo, iniciativas que buscan crear un foro de expresión para los twitteros de todas las edades y por diversos medios, primero a través de relatos y ahora de podcasts (audios en mp3).

En todas las ocasiones, aproximadamente un 50% de las personas registradas, no termina el proyecto, sé de algunos que empiezan el trabajo y por cualquiera que sea el motivo, no lo terminan, por supuesto hay causas de fuerza mayor que a veces impiden la concreción del proyecto, pero muchas otras, lamentablemente las más, es porque “se echaron para atrás”

Ojalá pudiera transmitirles la emoción de los ganadores de las primeras convocatorias, la satisfacción que expresan la mayoría de los participantes cuando entregan su trabajo, la sorpresa que nos llevamos jurado y organizadores con la calidad, el empeño y el talento del que somos testigos cada vez que uno de los proyectos llega.

Y de nuevo, vendrán las calificaciones y los ganadores y la premiación y estoy segura de que todos los que formen parte de ello, vivirán una experiencia altamente gratificante en más de un sentido.

Gracias Rodrigo por asumir conmigo la responsabilidad de este esfuerzo y entregarte a él en cuerpo y alma, gracias Evielkhon por haber hecho de nuevo derroche de tu talento por el sólo gusto de apoyar, gracias a los patrocinadores, al jurado y sobre todo, mi agradecimiento y reconocimiento a todos los participantes.

En cuanto al resto, me quedan 2 horas para insistir, para presionarlos hasta donde creo que pueden llegar así que seguiré haciéndolo…

Y al dar la media noche, al igual que todos los que hayan hecho su parte, podré decir: misión cumplida y arrancaré junto a ellos la nueva etapa… otra vez, hasta el final!