miércoles, 23 de febrero de 2011

La batalla de los plásticos...

Aaaaah… qué tiempos aquellos en que respirar y ser mayor de edad eran requisitos suficientes para obtener una tarjeta de crédito, bueno, al menos eso parecía, creo que cada día me llamaban de un banco diferente o de una tienda departamental para ofrecerme una tarjeta de crédito y yo claro, por aquellos ayeres sintiéndome todopoderosa aceptaba y aceptaba y así logré tener no una, ni dos, ni tres, no señores y señoras, yo era la orgullosa portadora de siete tarjetas de crédito, además de contar con un crédito automotriz y uno de vivienda… cabe aclarar que no ganaba seis mil pesos.

Los años fueron pasando, las compras sucediendo, los viajes acumulándose y la deuda creciendo. En mi mente, mi sueldo alcanzaba a cubrir perfectamente todos mis gastos, una y otra vez me topé, con aquellos consejos como: no gastes más de lo que ganes, reserva un porcentaje de tu sueldo para ahorrar, o, no pagues el mínimo, paga el total para no generar intereses, pero no no no, a la voz de "la vida es ahora", hice justo lo contrario.

Y así, cambiaron mis circunstancias personales, mi trabajo y por supuesto, mi sueldo, para terminar de arruinar el asunto, surgieron las famosas compras a meses sin intereses y como tantos, vi en ellas una forma de obtener las cosas que creía necesitar (y algunas que en efecto necesitaba) sin tener que pagarlas de un solo jalón.

Llegué al punto de hacer el súper con la tarjeta de crédito, porque según yo, la pagaría tan pronto llegara la quincena, pero luego, claro, una deuda se sumaba a la otra y los pagos para no generar intereses superaban mi ingreso, ah! Pero yo era más lista que los bancos (ayajáa) como tenía varias tarjetas con diferentes fechas de corte y pago, pues aplicaba la técnica de la Nana Fine y usaba una tarjeta para pagar el mínimo de la otra y luego con esa pagaba la otra y la otra y así, un círculo interminable de deudas cuyos intereses crecían y crecían, fue formándose a mi alrededor.

Después, con siete tarjetas hasta el tope, comprendí que tenía un problema (bien perspicaz yo) y entonces solicité una tarjeta más (les digo, bien brillante) dicha tarjeta “compraba” tus deudas de otras tarjetas y te permitía pagar con un pago congelado a plazo fijo y con menor interés, así que con ella eliminé las tarjetas más pequeñas y me quedé con cuatro (incluída la nueva), pero la deuda era prácticamente la misma.

Total que terminé con cuatro tarjetas hasta el cuello y todo el dinero que ganaba, TODO se iba en pagarlas, pagando por supuesto una barbaridad de intereses, recuerdo las palabras de mi Madre a cada rato: trabajas para pagar intereses, nada más. Lo peor era que además, seguía gastando, ni les cuento la de veces que muy decidida llegué a recortarlas o a rasparles la banda magnética pero ni eso me detenía, terminaba comprando cosas por internet.

Luego, de nuevo una circunstancia personal movió el tema de los ingresos y de las tres que tenía sólo pude seguir pagando… oh, esperen, no pude seguir pagando ninguna, y entonces vino lo bueno, porque mal que bien durante los años anteriores yo había ido pagando por lo menos el mínimo para mantener un historial crediticio medianamente decente, pero ahora simplemente me era imposible.

Los bancos por supuesto me buscaban día, tarde y noche, de lunes a domingo, por teléfono, celular y hasta en mi casa, era una pesadilla total, entonces me encontré con un anuncito de esos que te saltan encima al abrir una página, (ni siquiera recuerdo que página era) dicho anuncio me invitaba a conocer un esquema llamado “resuelve tu deuda” y sin nada que perder, allá fui, no bueno, era una cosa muy maravillosa, para que pudieran ayudarte los únicos requisitos eran deber más de treinta mil pesos en más de una tarjeta y yo por supuesto rebasaba sus expectativas, casi estaba orgullosa de calificar… ok no.

El caso es que envié mis datos y solicité más información acerca de cómo furulaba el asunto, aparentemente, la cosa era simple, yo firmaba un contrato en el que me obligaba a pagar a resuelvetudeuda.com una cantidad de maomenos cinco mil pesos al mes durante veinticuatro meses (había varias opciones, doce meses, dieciocho, etc.) un porcentaje de ese pago se iba para los gastos administrativos de dicha empresa y el resto, claro, se abonaba a mis tarjetas de crédito, pagándose así, la primera tarjeta en el mes número cinco, la segunda en el mes número diez y la tercera en el mes número veinte o algo así. Sonaba genial! Prometían además que las llamadas y cartitas cobradoras disminuirían considerablemente, y por si fuera poco! Al final del “programa” te otorgaban un préstamo para reintegrarte al fabuloso mundo de los sujetos de crédito.

Era estupendo, buenísimo! …de hecho, demasiado bueno. Tengo la fortuna de contar con un amigo financiero y antes de firmar el contrato toda loquita y hacer el primer pago (que no era a uno de mis bancos acreedores, sino a una aseguradora y por concepto de pago, el recibo decía: seguro de vida), total, que afortunadamente tuve la buena cabeza (por fin) de llamar a mi amigo, contarle más o menos como era el asunto y enviarle el contrato y todos los documentos que me habían mandado para ayudarme, lo primero que me dijo, sin haber visto nada todavía fue: y con qué garantía te van a prestar el dinero? Quién les asegura a ellos que les vas a pagar si no te piden ni siquiera un aval? Mientras pagan tu primera tarjeta, que pasa con la deuda de las otras?

Las preguntas de mi amigo por supuesto resultaban muy lógicas, yo misma me las había hecho, así que con todo y lo obvio que parecía, le envié los documentos. Después de un par de días, me llamó y me dijo que el contrato no parecía tener nada ilegal pero tampoco explicaba cómo se harían cargo de las deudas, que pasaría si yo no pudiera pagarles y algunas otras cosas que ahora no recuerdo pero que en su momento me hicieron reaccionar, "entonces, ni hablar verdad?", le pregunté yo toda ingenua y me dijo: "quieres mi consejo? Habla con cada banco, llega un arreglo y págales, no hay mejor opción."

Al día siguiente mientras estaba trabajando vi en mi escritorio un sobre, era de uno de los bancos, había llegado hace días pero como ya sabía de qué se trataba ni siquiera me había molestado en abrirlo, pero decidí seguir el consejo de mi amigo: “habla con cada banco” y lo abrí, era un esquema interesante que me permitía pagar la deuda, durante el programa de pagos no podría usar la tarjeta y al final quedaría cancelada, esto claro, tiene sus repercusiones en cuanto a la solicitud de futuros créditos pero yo todo lo que quería ya, era estar libre de toda deuda, el plazo de esa negociación ya había pasado, pero igual los llamé y la respetaron, así pude finalmente cancelarla, hice lo mismo con la siguiente y estoy en proceso de liquidar la última de ellas.

Fue una lección dura y carísima! Ahora compro las cosas cuando tengo dinero para comprarlas, trato de no gastarme todo lo que tengo como si de eso se tratara y aunque probablemente jamás seré un ejemplo de excelente administración, me quedan claros los errores que no debo volver a cometer.

Ah! Por cierto, cuando los de “resuelve tu deuda” supieron que había cambiado de opinión, me llamaban más veces que los bancos para intentar convencerme de tomar su esquema, cuando les dije que ya había pagado las tarjetas que me hacían merecedora de su súper promoción, el fulano que me atendía me dijo que los bancos me habían visto la cara, que me había dejado engañar y que me iba a arrepentir, me lo dijo con un tonito tan insoportable que le dije que no se valía que encima de que me habían querido engatusar me llamaran para prácticamente insultarme y le colgué, nunca más volvieron a llamar.

Moraleja: no gastes más de lo que ganes, reserva un porcentaje de tu sueldo para ahorrar, y no pagues el mínimo, paga el total para no generar intereses… oh, esperen, ya lo habían escuchado?

Ahm… bueno, los dejo entonces con esta: las tarjetas de crédito son pendejas en manos de peligrosos.

;)

martes, 15 de febrero de 2011

El límite de la ambición


Esta entrada bien pudo tener por título: "Cómo decir no y no morir en el intento" y es que, cuando de un trabajo que nos apasiona se trata, podemos perder de vista los límites que separan la sana ambición de superarte, hacer algo trascendente con tu vida marcando de forma positiva la vida de quienes te rodean y la ambición por tener más y más... de lo que sea.

Hace más de un año decidí separarme de una empresa en la que realizaba un trabajo interesante y bien remunerado pero que no era precisamente lo que yo tenía en mente para mi futuro y dado el caso, para mi presente, y me separé porque tenía claro lo que quería hacer, lo que desde hace muchos años, cuando aún era estudiante universitaria, me había marcado como una meta profesional.

Dicha meta era dedicarme a la consultoría y capacitación, por supuesto en mi área de estudio, la Comunicación Organizacional, en aquel momento no sabía que me metería tan a fondo en el mundo de las ventas y mucho menos del comercio electrónico, el caso es que hace más de un año cuando renuncié, sentí que estaba preparaba para iniciar mi camino como profesional independiente.

Cuántas cosas han pasado desde entonces, nuevas experiencias, sociedades, proyectos, pero sobre todo, trabajo, MUCHO trabajo, desde las relaciones públicas, la prospección, citas, citas y más citas, presentaciones y todo aquello que me llevara, por lo menos un paso más cerca de mi objetivo.

De pronto, y especialmente en los dos últimos meses, varios proyectos largamente acariciados comenzaron a concretarse, varios clientes que literalmente perseguí durante más de un año, me dijeron por fin: sí.

Empecé a trabajar de forma entusiasta y viendo como todos mis sueños se hacían realidad, incluso publiqué en mensaje diciendo eso, que mis sueños se estaban volviendo realidad aunque sin nada mágico de por medio, todo fruto del trabajo de tanto tiempo... y de pronto, me encontré literalmente encadenada al trabajo, dedicada a un proyecto y en un momento de "descanso" me permitía unos minutos para dedicarlo a otro y en cuanto terminaba, avanzaba en el siguiente.

Incluso comía junto a la computadora porque no podía permitirme perder ni un valioso minuto, ahora que los clientes estaban diciendo que sí, ni modo que yo dijera que no!

Y entonces recordé un término del que supe hace mucho, se llama "nivel de incompetencia" aunque no se refiere a abarcar mucho y apretar poco, sino a subir y subir de nivel en una compañía desarrollándote magistralmente hasta llegar a un puesto para el que resultas un inepto, pero de cualquier modo, le encontré cierta similitud a lo que me estaba ocurriendo.

La tan añorada independencia, no era tal, los proyectos seguían llegando, me encontré como en mi nada lejana juventud... cof, cof... en la que justo cuando tenía novio era que surgían pretendientes! Ahora justo cuando tenía más trabajo parecía que todos querían trabajar conmigo!

Me empezaron a llegar, como dije antes, respuestas afirmativas de clientes a los que literalmente perseguí por mucho tiempo y propuestas externas empezaron a llegar de la nada, desde asesorías hasta distribuciones y concesiones.

Por supuesto primero pensé en términos financieros, haciendo cálculos de lo que ganaría de tal proyecto, sumado a tal otro y al otro y al siguiente, pero el tema del nivel de incompetencia me seguía acechando, acompañado de refranes como "el que a dos amos sirve, con alguno queda mal"... ahora imagínense tres, cuatro, quizás cinco, era una locura.

Me di cuenta que el verdadero sueño no era ser independiente para poder tener todos clientes que fuera capaz de atender y hasta los que no!... el sueño era en realidad, tener la posibilidad de elegir.

Una de las empresas a las que me había acercado, subsidia a una empresa más pequeña, el Director de la primera quería trabajar conmigo pero el dueño de la segunda, no, así que mientras uno me decía que iniciara el proyecto, el otro me decía, sin la más mínima educación, además, que él no lo autorizaba y hoy después de mucho estire y afloje, decidí que soy yo la que no quiere ese proyecto, agradecí al primero, se lo aclaré al segundo y volvió la paz.

No todo es trabajo, no todo es dinero, este par de afirmaciones parecieran ser tan evidentes que ni siquiera haría falta mencionarlas, sin embargo, hace falta sí, porque, al menos yo, me estaba perdiendo en un mar de proyectos que a la larga, seguramente más de uno, hubiera terminado en fracaso.

Respiré, valoré, elegí y estoy contenta con la decisión, por un lado canalizando algunos proyectos con otros profesionales que seguramente harán un excelente trabajo y por otro desechando aquellos que no traerían más que un desgaste intelectual y emocional que no se paga con nada y que si fuera yo muy mala leche, se los recomendaría a algún colega que me cayera mal, pero muy mal... naaaah, eso no lo haría, pero pensarlo ya es una buena travesura.

Nada hay tan estimulante como un trabajo que te apasiona pero más allá de encontrar el tenerlo a montones como una señal de éxito, es la capacidad de elegir, al menos para mi, en este caso, lo que me dice que nada de lo que hice en todo este año de trabajo, ha sido en vano. Libertad de elegir, decidir y disfrutar... nada define mejor la verdadera independencia.

No existe el verdadero éxito en una ambición sin límites.

lunes, 24 de enero de 2011

Contra pronóstico...

Se me ocurría otro título para esta entrada, pero posiblemente no recordarías de donde viene la frase, es de una de esas películas que yo amo y a ti te aburren, pero bien viene al caso cuando tus cosas ocupan de nuevo su espacio y por momentos me pregunto si amaré al nuevo tú tanto como al primero o a fin de cuentas al mismo, si reconocerás en mi a la que fui o aprenderás a amar a la que soy, a fin de cuentas, la misma.

Reconozco casi todo, el libro de allá y esta película, los dibujos y el toro de plastilina, hay muchas cosas que no conocía, otras que odiaba y tantas que amé, y quizás no, no eres el mismo, ni yo la misma, pero aquí estamos de nuevo.

Muchas veces durante este tiempo escuché más de una vez acerca del valor que se requiere para separarse y justo ahora creo que se precisa tanto o más valor para elegir como lo hicimos hace nueve años, estar juntos.

Y de nuevo, como entonces, cabe brindar por el "que tal si" (sí, esa era la frase), y más que eso, más que aceptar la apuesta y ver lo que sucede, cabe brindar por el estamos, por el ahora y por el juntos.

Habrá que buscarle lugar al gecko, a los botes lecheros y a la mesita alta... y empezar de nuevo, y descubrir otra vez, como lo hicimos entonces, cuando no pudo con nosotros ni la distancia ni nada, que somos nosotros los que podemos con todo, contra pronóstico.

sábado, 15 de enero de 2011

Del dicho al hecho, hay mucho twitter...

El día de ayer me encontraba tuiteando alegremente, bromeando acerca de la nueva distribución de los signos zodiacales cuando un tuitero me dijo que había cosas más importantes sobre las cuales preocuparse, me llamó la atención su comentario, en primer lugar porque estando él preocupado por las cosas que yo debería o no escribir en twitter, seguramente también estaba preocupándose por las cosas equivocadas y segundo porque si bien, como comunicóloga soy una fiel creyente del diálogo, la difusión y por supuesto de la palabra en sí, preocuparse y hablar realmente no soluciona nada por cuenta propia, a menos claro que se les utilice para llevar a cabo una acción real, a ver si consigo explicarme.

No es lo mismo retuitear a cuanta asociación protectora de animales te topes, que salir a la calle y rescatar a un cachorrito, a menos claro que tu retuiteo provoque que alguien más salga y lo haga, aún así y a pesar de tu ayuda, fue el otro quien llevó a cabo la acción, aunque quizás no haya tuiteado acerca de ello, dicho lo cual, podríamos llegar a la conclusión de que quien habla al respecto quizás no esté tan interesado en la resolución del problema como quien en efecto se para del cómodo asiento que ocupa detrás de la pantalla, sale al mundo real y hace algo al respecto, así como tampoco podemos afirmar que lo que uno u otro hacen, carece de valor.

Con esta reflexión, me levanté de la comodidad de mi asiento detrás del monitor (en realidad estaba enfrente, si no, como haría para verlo?) y salí al mundo real, no, no a rescatar cachorros, sino a actividades más banales tales como pagar el teléfono, así que me dirigí a la tienda Telmex más cercana a la que por cierto, evito ir, al igual que a los bancos y cualquier servicio que pueda pagar desde internet, pero sucede que se trataba de mi primer factura, misma en la que mi nombre se encontraba mal escrito y no aparecía mi RFC, así que armándome de valor y tratando de olvidar el via crucis que pasé durante la instalación (que es muy largo de contar y por su salud mental y la mía, me reservaré) allá fui a solucionar dicha situación.

Al principio todo iba bien, cuando iba a sacar el turno de la maquinita, una señorita se me acercó, me preguntó que trámite iba a efectuar, le expliqué y me vió con cara de "ah 'tonces si" así que tomé la ficha y apenas me iba a sentar en la sala de espera cuando una de las ejecutivas me hizo la seña de que pasara con ella, "bien! no me voy a tardar nadita" pensé, y me acerqué para decirle lo que necesitaba, el diálogo fue más o menos así:

Ejecutiva: entonces su apellido correcto es...

Yo: Valladares

Ejecutiva: ok, y cómo dice en su factura?

Yo: ValladOres

Ejecutiva: entiendo, y cómo es el correcto?

Yo: Valladares

Ejecutiva: y en su factura, dice...

A estas alturas me sentía yo en un capítulo del Chavo del Ocho, lo peor no era que preguntara una y otra vez mi apellido, sino que durante el diálogo, ella sostenía mi credencial del IFE entre sus santas manitas, en fin, por fin hubo sinapsis y escribió: Valladares. Ahora había que corregir el RFC, y la cosa fue algo así:

Ejecutiva: me da su RFC?

Yo: V-A-D-T

Ejecutiva: *teclea BADP y me muestra el monitor* es correcto?

Yo: No, no es correcto, es V de Valladares y T de... es decir, es MI RFC, es VADT

Ejecutiva: *teclea VADT y me muestra el monitor* es correcto?

Yo: Si, ahora si, gracias.

Ejecutiva: algo más... etc etc, ya se la saben

A pesar de todo, la cosa iba bien, me habían atendido con relativa rapidez y amablemente, yo esperaría un poco más de sentido común, es decir, que se le ocurriera copiar el apellido de mi credencial de elector y asumir que al tratarse de mi RFC, la V que yo había deletreado era en efecto "V" y no "B" pero bueno, como dijera Eugene O'neill, "esperar sentido común en la gente, es no tener sentido común", así que tomé las cosas con humor e incluso tuiteé al respecto, había resultado ser después de todo, un momento chusco.

Enseguida me dirigí a las cajas, donde según yo, el trámite era mínimo, esperar mi turno, pagar y retirarme, pero ahí fue donde la experiencia acabó por valer queso, como era de esperarse, llegó mi turno, avancé hacia la caja entregué mi recibo y una tarjeta de débito, la misma que uso todos los días, para todas mis compras. La cajera tomó mi tarjeta y afirmó: "esta tarjeta no está firmada"...y bueno, el diálogo continuó así:

Yo: Sí está firmada *le señalo mi firma*

Cajera: Y eso a Usted le parece legible? *con tono de maestra regañona*

Yo: Sí, me parece totalmente legible.

Cajera: Pues a mi no, le voy a pedir que la vuelva a firmar

Yo: Lo que pasa es que si la firmo, se va a ver sobrepuesta y entonces voy a tener problemas al querer utilizarla después.

Cajera: ese es su problema, por qué no se protege firmando bien?

Yo: Está bien firmada, tiene el desgaste natural del uso pero la firma es completamente legible, además mi nombre está grabado en el plástico y aquí está mi credencial del IFE

Cajera: Pues yo no veo la firma y no tengo con qué cotejarla

Yo: La firma está aquí, si la veo yo, estoy segura de que Usted también

Cajera: Vuélvala a firmar

Yo: No la voy a volver a firmar, sabe que? voy a pagar en efectivo, creo que traigo suficiente

Cajera: Si no le parece hable con mi gerente

Yo: Si es igual de "amable" que Usted, no gracias

Cajera: No me pagan por ser amable, me pagan por hacer mi trabajo

Yo: Ok, ahí está el efectivo, limítese a cobrarme

Cajera: Y yo que culpa tengo de que Usted no traiga tarjetas bien firmadas, ese es su problema

Yo: *recojo el cambio* y yo que culpa tengo de que Usted necesite una nueva graduación en sus lentes.


No había terminado de salir de la tienda cuando ya estaba tuiteando toda la experiencia, más de un tuitero se sumó a mi queja, me apoyó o incluso compartió una anécdota propia, personal del área de atención al cliente me contactó vía Twitter, me agradecieron la retroalimentación diciendo que ello les ayudaba a mejorar y por la tarde recibí una llamada a la casa para ofrecerme una disculpa y pedirme detalles del incidente.

Se agradece el esfuerzo de mostrar una cara amable, pero el mal rato ya había pasado y no hay nada que puedan hacer para cambiar eso y entonces pensé, y toda la gente a la que le pasan cosas así y no dice nada? por qué lo acepta? por qué no reclama? por qué no estamos acostumbrados a exigir excelencia por parte de los servicios por los cuales PAGAMOS!, esa es una de las muchas cosas que nos hacen falta para que este país ande derechito.

Hace unos meses, mi Mamá se la pasó a vuelta y vuelta para lograr que le cancelaran un cobro no autorizado de la Sección Amarilla vía Telmex, una empresa la mandaba a la otra y la tuvieron como pelotita durante unos días hasta que finalmente una ejecutiva de Telmex le dijo: "pues si no le parece, cancele" y mi Mamá por supuesto, canceló y contrató una linea de Axtel, porque no hubo nadie que genuinamente se interesara en resolver su problema, como no hubo nadie que se tomara la molestia de ofrecerle una disculpa.

El mensaje de Telmex es un implícito: "sabes cuantos clientes tengo? realmente crees que te necesito o que me importas de forma particular?" esa, como muchas empresas de "calidad mundial" en nuestro país, hacen de sus usuarios de servicios PRIVADOS por los cuales pagamos, lo que se les pega en gana.

Recuerdo mucho a un grupo de ingenieros que visitaban Aguascalientes con cierta frecuencia para trabajar en una empresa transnacional en cuya área de Recursos Humanos yo trabajaba, íbamos que si a los tacos, al restaurante, al café, etc. y en una ocasión uno de ellos (canadiense de ascendencia jamaiquina) me dijo: "Tania, por qué das las gracias cada vez que nos traen algo y cuando nos vamos de un lugar, gracias otra vez? y te pasas todo el tiempo pidiendo por favor y agradeciendo cosas por las que estás pagando."

Quizás el punto de vista de mi buen amigo Roger pudiera parecer extremo para muchos de los que pensamos que aunque ese sea el caso, el dar las gracias refleja cierto nivel de educación, sin embargo, profundizamos en el tema y el fondo de su comentario era: "por qué parece que las personas a las que contratas para hacer algo, te están haciendo un favor?", me comentó cosas que le tocaba ver en el aeropuerto, en los hoteles, en fin, en todos los lugares a los que acudía a recibir un servicio y si exigía algo lo veían como bicho raro mientras el veía como bichos raros a quienes no exigían lo que merecían.

Curiosamente, la reflexión que me ocupaba antes de salir de casa respecto a si hablar resolvía un problema o no, rápidamente fue puesta a prueba por los eventos que le sucedieron.

Solucioné algo? Definitivamente en lo que a mi respecta, diría que no, porque el mal trato ya lo había recibido y palo dado ni Slim lo quita, sin embargo, era necesario decirlo, para que si le llamaron la atención a la cajera, por lo menos lo piense dos veces antes de volver a tratar a alguien así, para que si alguien más leyó mi queja y luego notó que Telmex me contactó para tratar de arreglar los daños, no se queden callados la próxima vez que a ellos les pase algo, para que Telmex, si de verdad les importa un bledo lo que pasa en sus sucursales, se acerque a la Tienda Telmex Gandhi en Aguascalientes y diga, a ver: que chihuahuas está pasando aquí? para... seamos realistas, quizás para nada más que dejarme descargar mi ira en 140 caracteres.

Sin embargo, me siento bien por haber hablado, los invito a todos a hacerlo, a dejar esa actitud agachada de tomar todo lo que nos dan como se les da su gana a empresas públicas y privadas entregarlo y empezar a exigirlo como merecemos.

Que bueno que twitter sirva para canalizar este tipo de quejas, que bueno que sirva (si es el caso) para despertar a los que creen que hablar no consigue nada y que maravilloso que sirva para hablar de todo aquello que nos ocupe y preocupe sin que ello tenga necesariamente que ocupar o preocupar a los demás.

En fin, en qué iba yo? ...ah sí, pinche Ofiuco!

martes, 4 de enero de 2011

Imanes para el refri...

Volver a casa... después de un año de ausencia en el que traté de convencerme de que, como muchos dijeron, esto no es más que piedra sobre piedra que forma una estructura, estoy de nuevo en el lugar que elegí con mi familia para que se convirtiera en nuestro hogar, tengo la sensación de que para mi hija también fue así, llegó y su apoderó de cada rincón, lo llenó de sus sonidos y de su luz, otra vez.

Cada vez que ella se va con su Papá, queda todo en silencio y yo trato de concentrarme en el trabajo y de disfrutar, por qué no? el espacio que da lugar a la reflexión y al descanso, e invariablemente, ennumero las cosas que faltan todavía:

- Una cortina gruesa en la habitación principal para que el sol no nos deslumbre en las mañanas.
- Un par de burós para cada habitación donde cada una pueda tener su vaso de agua y una lamparita.
- Un desayunador en la cocina para las comidas rápidas antes de salir corriendo al colegio.
- Un par de repisas para mi colección de cámaras.
- Un escritorio cómodo para que mi pequeña haga su tarea.

La lista sigue y sigue, y todas estas cosas, a fin de cuentas materiales, harán de este lugar uno más acogedor a donde querer regresar siempre.

Cada vez que hago la lista llego a la conclusión de que faltan imanes en el refri, sí! casi los llamaría una prioridad, antes los usaba para poner el calendario del colegio, los servicios a domicilio, los dibujos que trae de la escuela, las fotos favoritas... en el refri se adivina el ritmo de una familia, sus gustos, intereses y rutinas, imanes de todas formas que llegan a su destino de las más diversas maneras... el amigo que lo trajo de su viaje, el recuerdo de un paseo por la playa, la oferta del super, la promoción del yogurth, el servicio de lavandería...

Poco a poco cada refri cobra vida y color y está siempre a la vista para recordarte que el lugar en el que estás, es tu hogar.

No sé si comprar alguno... tal vez uno o dos, el resto llegará solito para transformar las puertas del refrigerador en el friso de la familia y contar una nueva historia...

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Decisiones...


Hace un tiempo que traigo este tema pendiente en el tintero, es curioso... me tomó demasiado tiempo decidirme a escribir sobre las decisiones.

Y es que en el tema de las decisiones pareciera no haber leyes escritas, aunque hay ideas que durante años me han dado vueltas en la cabeza, como aquella que asegura que la decisión correcta y la más difícil son quizás con demasiada frecuencia, la misma.

Me quedo como siempre con lo que me dijo mi Papá, cualquier decisión, si estás totalmente convencida de ella, es la correcta.

Otra idea de tomar decisiones que siempre me viene a la mente cuando no tengo más remedio que tomar una, es un pasaje del cuento de Alicia en el País de las Maravillas que probablemente haya citado ya por aquí. Alicia se encuentra al gato de Cheshire en una bifucarción y le pregunta cuál es el camino correcto, el gato le pregunta a donde va y ella responde que no sabe, entonces él le dice: si no sabes a donde vas, cualquier camino es correcto.

Y creo que ahí reside todo, la decisión concreta, certera, viene cuando tenemos claro hacia donde queremos ir, o igual de importante, hacia donde no.

Luego viene claro la renuncia, porque aunque suene paradójico, algunas veces... me atrevería decir que siempre, la renuncia es una forma de avanzar, necesariamente al tomar una decisión, cuanto más si es la correcta, es necesario renunciar a algo y nada se logra al aferrarse a lo que fue y mucho menos a lo que pudo ser...

Entonces, tras el duelo de la renuncia y con la vista puesta en el objetivo, hay que avanzar y seguir y... hace unos días fui con mi hija a ver "Enredados" una adaptación de Disney al cuento de "Rapunzel", cuando ella está a punto de conseguir su sueño, por el que ha luchado y se ha atrevido a dejar todo atrás, se siente aterrada preguntándose que pasará luego de que lo consiga y el galán en cuestión le dice: "esa es la mejor parte, vas en busca de otro sueño."

Creo que es cierto, estoy convencida de ello, iré en busca de otro sueño, quizás no por haber alcanzado uno sino por llevarlo hasta donde pude darme cuenta de que era momento de renunciar, y seguir adelante.

Como siempre... o como nunca antes, iré con todas mis fuerzas tras de otro sueño y otro después de ese y otro más...

domingo, 28 de noviembre de 2010

Un año y 45 entradas después...























El 19 de octubre del 2009 escribí la primera entrada de este blog, fue algo que escribí por no dejar el espacio vacío, para ser sincera, no estaba segura de lo que escribiría en este espacio y a decir verdad, quizás ahora mismo no sepa lo que voy a escribir, y a fin de cuentas creo que eso es lo que más me gusta de este blog, a veces es como mi conciencia, a veces un espejo, una reflexión y otras, un diario personal.

Aún ahora no hay mucho que agregar, simplemente agradecer a quienes durante más de un año se han tomado el tiempo de dar clic en alguno de los posts y compartir conmigo alguna de las cosas que "Sólo a mi me pasan" o al menos eso creo hasta que lo escribo y más de uno aparece a demostrarme su empatía.

El nombre del blog cambió, también la URL, el tema, los colores, todo cambió porque yo cambié, hace poco un "amigo" me recriminaba diciendo que ya no soy la misma de hace un año, le contesté que por supuesto que no lo era, que si después de un año alguien me pregunta si soy la misma y respondo que sí, realmente me sentiría decepcionada, afortunadamente no es el caso, el blog, su contenido y hasta su forma y colores, han cambiado a mi ritmo y por eso tiene para mi un valor tan especial, es una cronología de este último año y todo lo que en determinado momento me ha regalado algo de lo que vale la pena escribir, al menos desde mi punto de vista.

Sirva pues esta entrada como reiterado agradecimiento a quienes de una forma u otra me acompañan y a los que no, pos no.

Y...no, no soy la misma, pero sigo siendo yo.