martes, 6 de marzo de 2012

Espíritu de carnaval...


Desde que llegué a Minas, encuentro cada día algo que me causa asombro y de vez en cuando los que “juegan de local” encuentran en lo que les cuento, algo que les asombra, si dentro de un mismo país las palabras, costumbres y hábitos cambian de un estado a otro (o de un departamento, como les dicen acá), ya podrán imaginar lo que será de un país a otro, y es así que me encuentro con que el tamaño de las fotos no lo expresan en pulgadas sino en centímetros y las medidas que yo creía “universales”, pues no lo son, que la pechuga de pollo acá es suprema, los frijoles, porotos y el aguacate, palta, que no sabía lo que eran hojas Tabaré ni conocía la diferencia entre carpeta y bibliorato, y ni mencionar las palabras que en México son de uso común y acá resultan ser una barbaridad impronunciable.


Pero las novedades no me complican, por el contrario, disfruto conocerlas y vivirlas. Una de esas novedades para mí, es el Carnaval, si bien en México hay algunos departamentos, como Veracruz (tierra de mi padre) que celebran el Carnaval, no es por mucho, una fiesta nacional.


En el 2005, de visita por Minas, estuvimos un momentito en el desfile, mi hija era muy chiquita y se quedó dormida en su carreola así que realmente no guardaba ninguna memoria de aquel evento, este sería para ella oficialmente, el primer Carnaval.


Esperamos juntas el veintiuno de febrero como niño que espera la Navidad y a las ocho de la noche ya estábamos más que listas para ir a la Avenida Varela. Mientras nos acercábamos a Carabajal, cada vez eran más personas las que caminaban en el mismo sentido que nosotros y eso hacía crecer la expectación, provocaba apretar el paso.


En la esquina de Varela y Carabajal se presentaban unos parodistas, pero vimos solo la parte en la que se despidieron y bajaron del escenario, así que antes de que la gente se dispersara, caminamos hasta un punto cercano al jurado “acá se van a lucir” decía mi marido, por ahí encontramos un pedacito de cordón de la vereda libre (voy aprendiendo, en “mexicano” hubiera dicho “un cachito de banqueta”) y nos sentamos a esperar.


Mi hija, de naturaleza más bien tímida, estaba pegadita a mí y en un momento me confesó que “tenía miedo”, no es miedo - le dije - es emoción!… el tiempo transcurría y aunque haciendo cuentas fueron apenas unos minutos, nos pareció eterno. Comenzaron a aparecer vendedores de cualquier cantidad de cosas: papelitos, serpentinas, espuma, máscaras, antifaces, pelucas, varitas, burbujas, pops (palomitas, para nosotras), papitas, algodones, la calle estaba cada vez más llena de personas, la gran mayoría eran familias completas, desde el más chiquito hasta el más veterano, todos listos para recibir a la primera comparsa.


Los niños se paraban a media calle y regresaban a la vereda para decirle a sus Mamás “están lejazos todavía”, para hacer más corta la espera me decidí a llamar a un vendedor de antifaces, mi hija eligió uno y yo otro, que al final ni pude usar porque si me lo ponía encima de los lentes no veía nada y quería tomar fotografías! Mi hija parecía más un super héroe que alguien de carnaval pero estaba feliz con el antifaz, al poco tiempo una señora se acercó a ofrecer pintarle la carita:
  • "Querés una flor?"
  • Mejor una Mariposa! – dije yo
  • "Ah, pero las mariposas me quedan feazas"
  • Por eso digo, que una flor está bien
Ya de antifaz y con una flor pintada en la mejilla, mi hija estaba cada vez más animada y de vez en cuando se paraba en medio de la calle como los otros niños, a ver si por fin nos alcanzaba el desfile, después de varios intentos por ver algo, al fin vino a mi corriendo para decirme “ya vi unas banderas!”


En el sonido local solicitaron a todas las personas que despejaran la avenida y pidieron a grandes y chicos NO lanzar espuma a los integrantes de las comparsas, como una forma de respeto al esfuerzo y dedicación que pusieron en sus trajes, maquillaje e instrumentos. Todos los niños regresaron a la vereda y por fin el retumbar de los tambores comenzó a escucharse “lo siento en mi pancita” decía mi hija.


Y de pronto, “bam!” fue como si una explosión de color tuviera lugar a unos metros de nosotros, las bailarinas, vedettes, escobilleros, gramilleros, Mamá Viejas, disculpen si aún no sé todos los nombres, pero los vi a todos! Apoderándose de las calles, de las miradas, de las sonrisas! Flotando por la avenida, impulsados por el aplauso del público.


Entre una comparsa y la siguiente, parecía que los niños que querían lanzar espuma estaban a punto de estallar por la petición de no usarla contra las comparsas, así que encontraron la mejor solución al tema, llenarse de espuma entre ellos! Junto a la espuma, volaban las burbujas y los papelitos de colores y los niños en lugar de alejarse, se ponían al alcance del bote más cercano para luego estallar en carcajadas cuando la espuma los alcanzaba.


Cuando me di cuenta, mi hija ya estaba jugando con los otros niños, dejándose rociar por la espuma y persiguiendo burbujas, yo no podía creerlo! Ella, como dije antes, es muy tímida, pero mucho! Jamás la imaginé jugando así con niños que jamás había visto antes, de los que no sabe ni su nombre ni nada.


Luego venía otra comparsa y de nuevo todos corrían a sus lugares, mi hija se sentaba junto a mí y cuando las banderas en esa maravillosa interacción en la que acarician al público llegaban hasta nosotros, se levantaba con los otros niños y alzaba las manos para tocarla, como si se tratara de un lienzo mágico que le brindara más alegría para seguir brincoteando apenas terminara de pasar.


La ceremonia se repitió una comparsa tras otra, todas maravillosas, llenas de ritmo, de alegría. De pronto algún bailarín sorprendía por su ritmo, una vedette por su belleza, un escobillero por su habilidad o un gramillero por su alegría, mientras los tambores sonaban como uno solo, formado de muchas almas. Todos cumpliendo su misión, todos protagonistas.


Al día siguiente, veía las fotos una y otra vez, trataba de recuperar la sensación del día anterior, el repique de los tambores, los aplausos, las voces, la imagen de mi hija persiguiendo una burbuja, quería volver a entrar en ese estado ideal de felicidad, esa celebración de la vida que te hace olvidar todo lo demás, que te convence de que solo existe el color, la música y la alegría… entonces todo fue claro, entendí que para volver a sentirlo, tenía que esperar un año completo, comprendí por qué las comparsas se preparan todo un año para llegar a ese momento en el que nada puede salir mal, en el que todo ha valido la pena, en el que su misión está clara, en el que encarnan y transmiten el espíritu del carnaval y permitirse contagiarse es casi una obligación.


Me gusta pensar que ese espíritu ya habita en nosotros y volverá el próximo año para dejarse sentir aún con más fuerza… y ya lo estamos esperando.

lunes, 6 de febrero de 2012

Pascualina y Jalapeños


Note el aguzado lector cómo el título no pretende cometer una atrocidad agregando jalapeños a la pascualina, en cuyo caso diría "Pascualina con Jalapeños" y es que a la Pascualina no le sobra ni le falta nada, como su nombre lo indica, es un platillo que solía prepararse durante la Pascua, en los días en los que no se podía comer carne, pero como les quedó re bueno, ahora se prepara todo el año, la pascualina es una especie de pay de espinaca, morrón y huevo cocido, que sabe a gloria, a mi ninguno de los ingredientes me cautiva por separado, pero la pascualina se cuece aparte... bueno, se hornea, y está en el título de esta entrada porque además de Zitarrosa, mi marido y la propia historia de país, es lo que más me gusta de Uruguay!

Ni yo pensé que transcurriría casi un mes a partir de mi llegada a estas tierras del sur, antes de volver a escribir en este espacio pero entre correderas y trámites, el perro que perdió el avión y las cosas olvidadas, pues no he tenido todo el tiempo que quisiera para sentarme a escribir.

A cachitos, por los medios a mi disposición, he ido enterando a familiares y amigos de como va la cosa por acá, pero hoy que mi suegra se ha dispuesto a deleitarnos con unas albóndigas con arroz, aprovecho el tiempo libre y por fin con calma, les cuento...

La decisión de mudarnos a otro país... (de mudarme yo, porque lo que mi marido está haciendo, es volver), es, como todas las decisiones importantes de la vida, una cosa de la que no se sabe mucho sino hasta que ya es un hecho, como casarse, como tener un hijo, como aventarse del trampolín de cinco metros, uno cierra los ojos, desea que todo vaya bien, y se avienta.

Porque es así! Sin importar toda la preparación, los planes, los documentos, las vacunas del perro (ay, el perro!) y todo lo que por lógica y sentido común hace uno en vísperas de un cambio de este tamaño, uno finalmente lo que hace es aventarse, agarrar aire y esperar salir a flote exitosamente... o ya de perdis, nadando de muertito hasta la orilla. Nada está escrito, nada está dicho, nada es seguro... y por eso igual hay que hacer las cosas, porque acomodarse y esperar que la vida pase, tampoco asegura nada.

Y bueno, la primera parte consistió en reunir todos los documentos que aseguraran para mi hija y para mi la estancia legal en el País, que costaron sangre, sudor y lágrimas y por fin estuvieron listos a tiempo a inicios de diciembre, en resumen, necesitábamos que todos los documentos (actas de nacimiento, de matrimonio, constancias escolares, etc.) fueran reconocidos en todos lados por todo mundo, y para eso, Gobernación de Aguascalientes tenía que reconocer la firma de la directora del registro civil y luego Gobernación Federal, la de Gobernación de Aguascalientes, luego Relaciones Exteriores, la de Gobierno Federal, luego la embajada uruguaya, la de Relaciones Exteriores, luego Relaciones Exteriores de acá, la de la embajada uruguaya, luego el registro civil de acá, la de Relaciones Exteriores de acá... suena fácil, no? A ver, inténtenlo!!

Nah, en realidad fue todo bien, la única que casi nos vuelve diabéticos fue la señorita que nos atendió en Secretaría de Gobernación, que así a rajatabla, nos dijo: "esta no es la firma u_U" ...yo no sabía si morir o matarla a ella, pero reaccionó pronto y dijo: "ah no!! Es de Aguascalientes, sí si es", el resto fue ir de oficina en oficina, pagar y pagar, esperar y esperar... bien bonito... pero bueno, estuvo listo!

Cuando llevamos todo a la embajada uruguaya, se me ocurrió decir, así como hablando del clima, que llevábamos a Carajillo (el perro, el famoso perro) y la funcionaria (un amor de mujer, hay que decirlo) nos dijo los requisitos de ingreso del perro al país, así que regresamos a Aguascalientes a ponerle las vacunas correspondientes, encargar su jaula y pedir el medicamento para atarantarlo durante el vuelo, que dicho sea de paso, le hizo lo que el viento a Juárez, pero bueno, eso estaba "listo".

Luego vino la empacadera, qué se va, qué se queda, ideamos un sistema para equilibrar el peso en las maletas y calcular el costo del sobreequipaje... que al final no sirvió de nada y tuvimos que pagar en total como ochocientos dólares, incluyendo el costo de llevar... sí, adivinaron, al perro!

Después el tema era la llegada al aeropuerto, viajar hasta el DF en camión e intentar agarrar taxis para cuatro adultos y una niña, acompañados de ocho maletas y el perro, era, si no un sueño imposible, una misión kamikaze, así que después de hablar con un amigo que tiene una agencia de viajes, concluímos que la mejor opción era viajar hasta Querétaro y de ahí tomar un autobus directo al aeropuerto, y así lo hicimos, no quiero ni contarles la pesadilla que era subir y bajar maletas de un lado a otro, repito eran ocho OCHO maletas, y no cualquier maleta, maletotas, MALETOTOTOTAS, a las que si uno las miraba fijo, podía hacerlas explotar, dejando nuestros choninos tendidos a la vista de todos.

Por fin en el aeropuerto, el perro seguía siendo un tema, necesitábamos un permiso de exportación de SAGARPA, presentamos al perro con documentos en mano (nuestra mano, no la del perro), y una "amable" representante de SAGARPA nos atendió como queriendo recordarme todo lo que uno odia de la burocracia mexicana, como diciendo "pa' que no extrañe".

- No les dijeron que esto se tiene que hacer 3 días antes del viaje?

- No nos dijeron, pero además, no somos de aquí, vivimos en Aguas...

- No importa! Son 3 días! Por qué no se informan?! Siempre es lo mismo

- Sí nos informamos, preguntamos en la Emb...

- La embajada no es SAGARPA, o sí?! O SÍ?!!!

A esas alturas estábamos como niños regañados, con la mirada baja, esperando a que la señorita terminara su letanía y nos dijera como diantres haríamos para llevarnos al perro, por fin acabó la cantaleta y nos preguntó:

- A qué País viajan?

- A Uruguay

- Uruguay, Uruguay, Uruguay - decía mientras con su dedito recorría los requisitos de cada país, empezando por Angola o_O

Pues bien, al fin por la página treintayuno encontró a Uruguay, y nos dijo que Carajillo podía ir con nosotros, mientras una luz celestial iluminaba el permiso de exportación (no sin antes hacernos salir del aeropuerto buscando un lugar donde sacaran fotocopias, porque claro, no preguntamos a la SAGARPA!!!).

El siguiente paso era la documentación, yo en cada viaje, después de documentar me quedo mucho más tranquila, ya solo debo preocuparme por traer mi bolsa en una mano, mi hija en la otra y que ruede el mundo.

Mi hija, con todos sus ocho añotes, ya es una experta en pasar los controles de seguridad, agarraba su cajoncito, caminaba rápido, botaba a impresionante velocidad su mochilita, chamarra y sombrero, pasaba el arco, abría los brazos y cuando yo iba saliendo, ella ya estaba de nuevo con chamarra y sombrero del otro lado, cuando le dijimos que nos sorprendía la eficiencia con la que ya pasaba solita de un lado a otro, dijo orgullosa: "llevamos años en esto".

Ubicamos la sala casi de inmediato solo para enterarnos que el vuelo tenía treinta minutos de retraso, casi muero del susto porque a la llegada, en el horario original, el vuelo de conexión en Santiago de Chile salía solo cuarenta y cinco minutos después de nuestra llegada, en ese punto no había nada que hacer, solo esperar que todo saliera bien.

Cuando estábamos abordando el avión le dijeron a mi esposo que esperara un momento y yo pensaba: "ahora qué?!" y nada, era solo para darle una tarjetita informando que Carajillo ya se encontraba a bordo del avión, sano y salvo... ahí ya llevábamos varias horas de viaje y ni siquiera habíamos salido del país, pero bueno, faltaba menos...

Aterrizamos en Santiago de Chile y tal como lo temía, el otro vuelo ya estaba en la última llamada para abordar, corrimos como locos, nos guiaron hasta un tunel y ahí nos dijeron que ese no era el avión pero que ahora iban por nosotros, otros pasajeros del mismo vuelo nos fueron alcanzando y cuando estábamos todos ahí, nos subieron a una camionetita y nos llevaron hasta el avión donde reconocí las miradas asesinas de los otros pasajeros que en ese contexto quieren decir: "por culpa de estos mensos no hemos despegado"...y yo pensando en el perro.

Segundo aterrizaje! Algo aliviados por fin pisamos suelo Uruguayo para encontrarnos con una fila eteeeeeeeeerna de extranjeros ingresando al país para pasar el verano, llevábamos cargando ...o debo decir, arrastrando: suéters, chamarras, sombreros y bolsas de mano, nos sellaron los pasaportes y corrimos a buscar las maletas y a Carajillo ...y nada ...en otra banda ...y nada ...y nada... Y NADAAAA!!! Me uní con otras dos señoras con esa solidaridad que solo conocen los compañeros de casi veinte horas de viaje, para buscar a alguien que nos dijera donde jijos estaban las maletas... y el perro.

La marrrrr de amables, el personal en tierra de la aerolínea nos explicó que como el vuelo que salió de México se retrasó, nosotros alcanzamos el vuelo de conexión pero el equipaje no... así es, Carajillo había perdido el vuelo y llegaría a las seis treinta de la tarde, para lo que faltaban aún siete horas!!

Las otras señoras se pusieron re contentas porque les iban a mandar las maletas a domicilio y ya no tenían que andar cargando, pero a nosotros todavía nos quedaban casi dos horas de viaje hasta Minas y teníamos que esperar.

Salimos de la sala y un amigo de mi esposo nos esperaba con mi suegra al teléfono para informarle lo que ocurría y acto seguido hizo lo que todo buen amigo haría en una situación así: nos invitó pizza y cerveza en su casa! Qué bien que se ve el mundo después de comer pizza y tomar cerveza... una siestita y listo! De regreso al aeropuerto.

Ya completos, con más de treintayseis horas de viaje a cuestas, las ocho maletotas y el perro, iniciamos el último tramo del recorrido, mi hija iba más desmayada que dormida, mi esposo y yo medio zombies y el perro tomando agua mineral de nuestros vasos... arribamos por fin, a nuestra nueva casa :D

...y es acá donde comienzo a escribir una nueva historia, donde todos los días, juntos, descubrimos y aprendemos cosas diferentes de este pequeño gran país, y de nosotros mismos.

Los amigos, con algo de recelo me preguntan si ya cambié el tú por el vos y si voy a cambiar de nacionalidad y yo que llegué con mis latas de jalapeños bajo el brazo solo puedo decir que lo único que tengo seguro es que nunca olvidaré mis raíces, ni dejaré de apreciarlas, lo que no quiere decir que no pueda amar las de acá.

Si algo admiré siempre de mi esposo durante los años que estuvo en México, es que no vivió comparando un país con el otro ni quejándose de lo que había en uno y en el otro no, comió tacos como nadie, disfrutó todo lo que tenía a su alcance, pero nunca dejó de añorar... ahora me toca a mi.

El conocimiento, aceptación y aprecio por una cultura, por un país, no tienen por qué significar el abandono del otro, quien dijo que no puedo comer pascualina y jalapeños?

viernes, 9 de diciembre de 2011

Golden Party

Hace un par de meses, una amiga me invitó a través de facebook, a un evento llamado "Golden Party", yo sin saber de lo que se trataba le dije: "no, mira, yo a eso no le hago, francamente u_U"

Después me enteré que se trataba de una reunión en la casa de su cuñada, en la que uno podía llevar artículos de oro y plata que no le interesara conservar y que lo pagaban a MUY buen precio, el asunto me siguió pareciendo sospechosón aunque tentador, pero en aquel entonces, pasé de largo.
Luego, en un viaje al DF, unos amigos me contaron que ya en un par de ocasiones, ellos habían sido anfitriones de este tipo de eventos y me dieron más detalles de como funcionaba la cosa, que el pago era en efectivo y que podías deshacerte de todas las cadenitas que uno tiene hechas bolita en el alhajero de cristal que te dieron en tus quinciaños y al que ni por error te asomas siquiera.

El asunto despertó mi interés todavía más en la víspera de mi mudanza al extranjero, en la cual hemos decidido vender TODO menos lo puesto, así que de regreso a Aguascalientes le pregunté a la amiga que me había invitado a la fiesta anterior, si había alguna próxima a realizarse y me dijo: sí! Mañana!

Rápidamente junté la bola de cadenitas de la que ya no se sabe donde empieza una y acaba la otra, crucecitas, anillitos, la típica placa con tu nombre en letra gótica que te regaló la Vecina Carmelita en tus quince y jamás la usas para no parecer Snoop Dog (o como se llame), los aretes sin par, etc etc y allá fui!

Para empezar, no quise ir sola, el evento se anunciaba en facebook de manera pública pero la casa de la anfitriona está en uno de los lugares más ultranice del pueblo y no quería yo llegar y violar cuanta ley de etiqueta social se ha establecido, empezando por llegar en vocho, así que le pedí a mi amiga que es más nice, que me acompañara y me guiara por el camino de la crema y nata de la sociedad hidrocálida, y accedió.

Por fin llegamos a la casa de la anfitriona que nos recibió muy amablemente ofreciendo agua o refresquito, yo, como era de esperarse, miré fijamente a mi amiga pa' ver que hacía ella y repetirlo yo, dijo: agua, dije: agua (no vaya siendo que sea poco chic pedir coca lait).

Total que me apuntaron en una libretita, detrás de nosotros llegó otra señora y luego dos más, toooodas se conocían entre ellas y usaban sobrenombres como "Yayis", "Nena", "Bibi", "Cuqui" y otros por el estilo, a mi me presentaban como "la amiga de...".

Llegó mi turno, me pasaron a la cocina que es donde de forma privada, se llevaban a cabo las operaciones de compra venta. Un señor con un maletinsote con dinero en efectivo (de esos que solo se ven en las películas de mafia siciliana) y otro más joven con todos los instrumentos necesarios para ver si tu oro es deveras oro o en algún momento de tu vida, alguien te chamaqueó.

Abrí mi cajita de baratijas y enseguida me curé en salud diciendo: "seguramente hay algunas cosas de chapa, ahi sepan disculpar que no sé ni maiz de joyería", me dijeron, no se preocupe, y empezaron a revisar pieza por pieza... le echaban ácido, lo lijaban, lo raspaban en una piedrita, lo veían de cerca, de lejos, de todo le hacían, al principio traté de sacar plática y decía: "esa debe de ser de chapa, mire nomás toda amarillota", y me decían, "no, esta sí es de oro", y luego: "ese anillo segurito es de oro, me lo dio un novio que me adoraba", "no Señora, este si es chapa" ...(maldito) y así fue que opté por observar calladita el resto del proceso, lo que resultaba ser chapa, el muchacho lo aventaba con desdén de regreso a la cajita y yo volteaba para otro lado.

Una vez separado lo bueno de lo chafa, el especialista se dedicaba a pesar todo, marcando su kilataje y le pasaba un papelito al del maletinsote, que introducía los datos a la computadora, mientras el más joven guardaba mis ex-pertenencias en diferentes bolsas y yo pensaba: "ps ya con 2mil varos que me den, valió la pena la vueltota".

El señor del maletinsote terminó su tecleo y me dijo: son 6,600 pesos, tomó el dinero en efectivo, me lo dio y pidió que lo contara. No lo podía creer!! De verdad eran pedacillos ahi de oro que en la vida iba a usar y que ahora me caía de perlas transformar en efectivo.

Salí de la cocina/despacho, tratando de dismular mi sonrisota porque seguramente también es poco chic alegrarte de que te den poco más de 6,000 pesos... a menos que seas Cordero y pienses que ya con eso sacaste para todos los gastos del mes.

Mi amiga se despedía de la concurrencia y yo quería salir corriendo de ahí:

1. Porque no puedo creer que esos eventos los hagan públicos, me daba pavor que la cosa fuera ilegal y nos cayera un operativo! xD ...o que fuera legal y nos cayeran unos rateros o_O

2. Porque quería brincar de gusto sin guardar las formas.

3. Porque tenía que ir a gastarlo de inmediato ¬¬

De regreso a la casa de mi amiga, me dijo que lo pagan apenas un poquito más caro que en los localitos esos de de "Compra-Venta" de oro y plata, pero que obviamente a muchas señoras les daba pena que las vieran entrar a uno de esos, y el sistema este de las "Golden Party" les da la ocasión ideal, de transformar un "Necesito lana, voy a vender todas las chucherías que no uso." en un "Aprovechemos para saludar a las Corcuera y vender algo de oro solo por diversión".

Confieso que todo el proceso me sigue despertando sospechosismo ¬¬ Pero en la red hay bastante información al respecto y al parecer es una práctica que se hace cada día más común, entre lo que leí, rescato la que creo que es la más prudente de las recomendaciones.

NO hagan las invitaciones públicas, es exponerse sin sentido.

Así que ya saben, si no quieren oro ni quieren plata y ya lo que quieren es romper la piñata, pregunten a su amiga nice de confianza y seguramente les podrá decir en donde es la siguiente "Golden Party" ;)

domingo, 18 de septiembre de 2011

Porque todos tienen una Tía Teresita

Tengo una familia, además de pequeña... muy desparramada, muchos primos que hace años no veo, algunos que ni conozco y otros cuantos que me tienen que presentar una y otra vez porque no los recuerdo.

Jamás fue tradición para mi eso de ir a misa los domingos y luego a comer con los abuelos y ciertamente no tenía a mi alrededor en el día a día, más cómplices que mis hermanos y unos vecinos de vez en cuando.


Mi infancia, sin embargo, se encuentra aderezada con buenos recuerdos, la mayoría ligados a la familia paterna que tengo en Guadalajara, un poco por afinidad y un mucho por cercanía, son la familia con la que más momentos he compartido, a pesar de la misantropía que demostré desde mis años mozos y que todo mundo advirtió como caso raro en una familia en la que todo gira alrededor de convivir y compartir.


La matriarca de esa familia es mi Tía Teresa... a la que nunca le decimos Teresa, le decimos "Tía Tere", conocida por muchos como la "Maestra Tere" y ahora aclamada por sus nietos como "Abi Tere", pero es la misma, la que tiene siempre pa' todos, poseedora de un increíble carisma y una forma inagotable y casi artística de dar sin esperar nada a cambio pero sin tintes de mártir.

La casa de mi Tía Tere está siempre llena de gente que viene y que va, esa casa, sin ser enorme, ha sido de todo para todos: salón de fiestas, asilo, refugio, hospital, hostal y hasta restaurante, y ha sido al mismo tiempo para todos, un hogar.

Todos sabemos lo que le duele a esa casa, los sitios donde enmedio del barullo puede encontrarse algo de paz y que siempre SIEMPRE hay algo que comer.

Pocas veces he visto a la Tía Tere sentada, como no sea al final del día, está siempre andando de aquí para allá con un plato en la mano y diciendo cosas como: "yo voy comiendo con el que va llegando" o "me sobra guisado y voy por otra tortilla, me sobra tortilla y voy por más guisado", siempre con una sonrisota de campeonato. Puede todavía adivinarse en su voz el acento jarocho, a pesar de los años.

Cada vez que llego a su casa, hay alguien sentado en la sala e invariablemente, después de recibirme con un abrazo, me presenta diciendo: "esta es la hija más chica de Yando"

Mi tía Tere es la prueba viviente de que el karma existe, cuando salimos por allí (ahora hace mucho que no salgo con ella) le ceden el asiento, la dejan pasar, se ofrecen a ayudarla, es como si la bondad se le saliera por los poros y la gente se viera obligada a corresponderle.

Es también distraída hasta las cachas, rasgo usual en los Valladares, aún más notorio en las mujeres, siempre es motivo de risa... bueno, algunas veces de susto y preocupación pero siempre, como casi todo lo demás, acaba por convertirse en una carcajada.

Con la tía Tere me pasa lo que con mis maestros de la secundaria (quizás porque ella era Maestra, también), pasan y pasan los años y yo la veo como siempre, como si no hubiera en mi memoria un recuerdo de una Tere diferente, la veo, en todo caso, algo mejor.

De donde sale toda esa energía? Todo ese impulso, esa vida, ese buen humor... creo que todos nos lo preguntamos... creo que ni ella lo sabe y eso la hace más adorable.

Como ocurre en otros casos con la gente que amo, quizás no se lo he dicho lo suficiente, sirva este texto como un sentido aunque chiquito homenaje a la gran persona que es, un reconocimiento a toda su entrega y una celebración por tenerla en mi vida.

Hace casi 80 años que ella nació, y en su época, el nombre era algo común (bah, lo sigue siendo ahora) y prácticamente en cada familia hay una Teresa que en algún momento llega a ser Tía de alguien. Cuando digo de broma "porque todos tienen una Tía Teresita" más de uno se ríe confirmando la hipótesis.

Me gusta pensar también, que en cada familia hay una Tía o Tío entrañable, que regala hermosos recuerdos a la infancia y aporta importantes lecciones durante la vida, aunque eso claro, no podría asegurarlo.

Quien sabe si todos tengan una Tía Teresita, ojalá tuvieran una... una como la mía.

domingo, 28 de agosto de 2011

Siempre...



Hace días, semanas tal vez, que tengo escrito por completo este post en mi mente, y sin embargo, cada vez que llego hasta acá a escribirlo, las palabras que consigo plasmar no acaban de expresar lo que tengo en el corazón cada vez que siento la necesidad de hablar de lo que mi mudanza a Uruguay significa en mi vida en este momento, de lo que dejar mi país significa para mi, justo ahora.



Los motivos para irme son muy personales y no es esta la forma ni el espacio para compartirlos, los saben quienes deben saberlo. Y los amigos que deseen conocerlos, no tienen mas que preguntarme y yo se los diré.


Contrario a lo que muchos puedan pensar, la decisión no tiene que ver, al menos no de manera estricta, con la inseguridad que se vive en el país, eso podría asegurar, aunque suene duro, es circunstancial, no un motivo para alejarme.


Es Uruguay un país al que amo, al que admiro, al que hace mucho otorgué ya un pedacito de mi corazón, es también la otra patria de mi hija, una patria que quiero que viva, conozca y disfrute, tanto como lo ha hecho con México, aún a su corta edad.


Y sin embargo, cada día encuentro algo más que extrañar... la lista es eterna, va desde las papas sin marca, hasta los amigos más entrañables y por supuesto, mi familia de origen. Antes he aceptado aquí que jamás he sido la hija modelo, ni la prima, tía o hermana modelo, para tal caso. En cuanto a ser la mejor amiga... pues mucho me temo que tampoco.


Contrario a lo que muchos perciben o elaboran con base en mi forma de relacionarme con otros, me cuesta trabajo hacerlo a profundidad, me gusta, sí, conversar, compartir y llevo muy adentro en mi corazón a tantas personas, muchas de las cuales quizás ni lo sospechan, sería difícil adivinarlo puesto que nunca he sido lo suficientemente expresiva o elocuente.


Trato de estar cerca y al tanto de quien me importa y de que sepan que cuentan conmigo, no siempre soy exitosa en ese intento, pero sé que es valioso para quienes lo han advertido.


Tampoco he sido nunca la mejor de las anfitrionas... ni la más distinguida invitada, y de todo esto que ahora me atrevo a confesar, quizás lo único que pudiera considerarse inconfesable, es que no me arrepiento de ello.


Por favor no consideren esto una postura arrogante, muchas veces he tratado de transgredir lo que soy, mi esencia, para ser más cordial. Sin embargo, son las personas que a pesar de todas mis fallas han aprendido a quererme (que no a aguantarme todo) las que están ya en mi historia para siempre, las que dejaron una huella imborrable en mi corazón y que por supuesto podrán seguir contando conmigo, aún a la distancia, de la forma en la que sea posible.


Esas personas... llámense amigos o familiares, o mejor aún, aquellos en los que la linea entre uno y otro ya no se distingue, no necesitan que les nombre aquí, lo sabrán en cuanto lo lean.


En cuanto a mi México, mi país entero, mi patria misma... me duele tanto dejarlo así, y aunque una parte de mi se pregunta de qué valdría la ínfima diferencia que una de sus ciudadanas consiguiera con sus acciones, otra me reclama, me acusa de abandono y me exige explicaciones.


A mi, que muchas veces (sí, lo acepto) critiqué que alguien que por cualquiera que fuera la razón no vive en México siquiera opinara de nuestra economía, educación, salud, seguridad o lo que fuere, ahora me tocará estar en sus zapatos y hacer... lo que sea que como ciudadana de México que siempre seré, me toque hacer. Desde mi trinchera, sin importar en donde esté, y que me llamen como deban llamarme, y que piensen lo que quieran pensar, siempre estaré aquí, siempre regresando.


No estoy ahora en posición de apostarle a nada, como puede ser que dentro de seis meses Uruguay me deporte señalándome como persona non grata, puede ser que no pueda pisar suelo mexicano sino hasta un año después, o varios más, o nunca, eso, como muchas cosas que nos son trascendentes en la vida, no puedo saberlo ahora.


Una de las cosas de las que puedo sentirme orgullosa es mi capacidad de amar apasionadamente, lo que me obliga a desprenderme de pedacitos de mi corazón aquí y allá, y cada desprendimiento duele hasta el fondo del alma y son ellos los que escriben mi historia.


Mientras tanto, haré lo mejor que pueda hacer por mi familia, por mi entorno, por mi país, ahora desde aquí, más tarde desde allá, siempre desde donde sea que esté, siempre. Yo que tanto renegué de los absolutos, me encuentro llenando este espacio de nuncas y siempres que deseo cumplir con todo mi ser.


Pronto seré una ciudadana Uruguaya, pero jamás dejaré de ser Mexicana, y cada trozo de patria que me ha tocado recibir, vivir, disfrutar o llorar, estará siempre conmigo, como cada uno de los que amo.


Sabe Dios en donde estaré cuando exhale mi último aliento, sólo espero que mis cenizas regresen aquí, a mi amado México, y mi epitafio diga: "El destino me escupió pa'l sur, pero soy una necia y aquí estoy, siempre volviendo."

viernes, 5 de agosto de 2011

Aprender a pedir...


Por allá por 2003, trabajaba yo en el área de Desarrollo Organizacional de una empresa transnacional y mi entonces jefe, a quien yo conocí algunos años antes... muchos años antes, como instructor de aquellos famosos cursos titulados "Capacitando al Capacitador", me enseñó un par de buenas lecciones que me servirían para siempre no solo en mi vida profesional, sino también personal.

Yo había trabajado ya con grandes personas de quienes aprendí mucho, sin embargo, cada forma de trabajar es diferente y la dinámica en el equipo de Nacim (mi jefe) era otra.


De las lecciones que le aprendí hoy quiero platicarles de una, no por ser la más importante sino porque es la que viene al caso (ya les contaré las otras).

Siempre he tenido como objetivo realizar los trabajos que me son encomendados en tiempo y forma sobresaliente, sobra decir que no siempre lo consigo, y en aquel entonces yo estaba a cargo de la comunicación interna de aquella empresa que era además la más grande en la que yo había colaborado.

Se me ocurrió la brillante idea de cambiar todas las gráficas de productividad del muro de la planta porque las actuales (y esto es cierto) no eran fáciles de entender y entonces los diferentes equipos de operarios las veían y no les quedaba claro si iban o venían en el ranking de productividad.

Dicho lo cual, hice mi propuesta, me dijeron que sí y me di a la tarea de recabar información, misma que nomás no me daban, los Ingenieros siempre estaban demasiado ocupados para soltarme la dichosa gráfica, el proyecto se fue atrasando y mi frustración fue aumentando.

Un buen día, como era de esperarse, mi Jefe me preguntó como iba el asunto de las gráficas, y yo me fui como hilo de media con una perorata de media hora explicándole mis terribles problemas para conseguir la información.

Cuando terminé de hablar, me dijo: "se lo pediste al Director de Ingeniería?", respondí que no, los ingenieros estaban muy ocupados, si ellos no me pelaban, el director, menos.

Entonces me dijo: "ok... y que tal pedirme a mi que se lo pida al Director?", respondí que no porque YO era la responsable del proyecto y tenía que entregarlo y etc etc etc. Mi discurso continuaba cuando Nacim me detuvo y me dijo: "quien es verdaderamente eficiente, sabe reconocer sus límites, levantar la mano y pedir ayuda, si no sabes pedir, nunca vas a lograr tus objetivos".

Acto seguido le marcamos al Director de Ingeniería, le explicamos la situación y para la tarde de ese mismo día, yo tenía todas las gráficas en mi poder.

Aprender a pedir... yo tenía entonces una idea muy diferente de la eficacia y de la eficiencia! Pensaba que eficiente era aquel que hacía todito todo sin preguntar nada ni molestar a sus superiores, que se hacía bolas para sacar adelante como fuera, la tarea impuesta, pero el dicho de Nacim tenía mucha lógica, aceptar las propias limitaciones no es rendirse, es realizar un diagnóstico y tomar una decisión de a quien recurrir o hacia donde dirigirte para lograr el objetivo a como de lugar.

No somos todólogos ni omnipotentes, y en la medida que lo aceptemos y nos alleguemos de personas que cuenten con el talento y actitud necesarios para completar una tarea, estaremos más cerca de nuestros objetivos.

Decía yo que esto se aplica también en la vida personal, más de una vez me ha ocurrido que me quedo sin batería en el celular, que para el cumplimiento de mi trabajo actual, me es indispensable, siempre paso un rato como loca buscando enchufes por aquí y por allá, lo cierto es, que cuando no hay ninguno a la vista, en lugar de perder más tiempo buscando y sufrir una embolia, me acerco a una tiendita, puesto o cualquier lugar semejante que a todas luces cuente con energía eléctrica y les pido que me permitan conectar el cargador.

Seguramente me han dicho que no varias veces, aunque ahora no puedo recordar una con exactitud! Pero así me he contectado desde puestos de papas hasta librerías en todo lugar imaginable, a veces me piden unos diez pesos, a veces me entregan cargador y celular con una sonrisa y me dicen que no es nada y a veces yo misma compro algo, en prueba de agradecimiento.

Apenas el lunes de esta semana, regresaba a casa con mi hija y el coche se detuvo apenas cruzar un semáforo, como pude logré orillarlo y estuve varios minutos tratando de encenderlo hasta que terminé por ahogarlo y me resigné a dejarlo ahí, tomar un taxi a casa y más tarde regresar por él con un mecánico.

Estaba ya pidiéndole a mi hija que agarrara sus chivas y se bajara cuando apareció una persona a decirme: "con un puchón prende"... pues, por qué no intentarlo? Mientras empujaba el coche, apareció de no sé donde otro señor a apoyar la misión imposible, pero no funcionó. Les di las gracias y ellos con cara: "tssss, que gacho" se despidieron.

Ahora sola, con la Pulga al volante, me puse a empujar el coche para orillarlo y que quedara mejor estacionado, otro señor salió de no sé donde y me dijo, "súbase al carrito, yo empujo".

Cuando el coche quedó en su lugar, el Señor abrió la cajuela y me enseñó una banda hecha pedazos, diciendo "no Señito, pos cuando iba a prender?, ire, acá hay una refaccionaria" (señalando la esquina). Le pedí a mi hija que bajara del coche y fuimos con la banda hecha trizas a pedir una a la refaccionaria (que afortunadamente aceptaba tarjeta porque yo traía treinta pesos en moneditas).

"Ah sí, aquí la tengo..." dijo el encargado (que más tarde otros se encargaron de identificar como "El Papotas"), que caminaba más lento de lo que hablaba, si esto es posible.

Pues bien, el Papotas regresó con la banda y la puso sobre el mostrador "aquí tiene" y yo le pregunté, si él podía colocarla "no Seño, yo no soy mecánico" pfffff!!! y 'ora?. Bueno, ya salía yo de la refaccionaria con la banda nueva en la mano y sin tener idea de qué hacer con ella y para qué diantres la había comprado entonces, en esas estaba cuando escuché al Papotas decir: "ire Seño, este sí es mecánico!"

Le pregunté al Mecánico si podía poner la banda, me dijo que sí, de paso le ajustó no sé que cosa, le cambió "la cuñita" y le puso una tuerca nueva. La Pulga pasó el rato muy feliz de asistente de mecánico, le pasaba lo que iba necesitando y acabó con las manillas negras y una mancha en la cara de la cual estaba muy orgullosa.

Cuando por fin estuvo listo, regresé al mostrador a pagar lo que el mecánico había estado pidiendo, fueron ochenta pesos. Luego le dije al Mecánico que sólo traía treinta pesos en efectivo, pero que si iba a comprar algo, lo pagaba yo con la tarjeta y ahí quedábamos tablas. Lo pensó un momentito y me dijo: "naaaaah, así está bien, que mala suerte que se le quedó el coche, pero qué buena suerte que se le quedó aquí".

Al tratar de encender el coche, la batería se había agotado y allá fueron otra vez, el mecánico, el Papotas y un muchacho que no sé de donde salió, a empujarlo.

Cuando prendió, hubo una sensación de triunfo, me pareció escuchar en mi cabeza "We are the champions" de Queen, mientras mi hija y yo nos despedíamos sacando la mano por la ventana.

Retomando el camino a casa, nos reíamos ya de todas las peripecias y de la forma, un tanto extraña, en que las cosas se habían resuelto. Si no nos hubiéramos aceptado la ayuda de quienes la ofrecieron, no hubiéramos dado con el Papotas, si no le hubiera pedido al Papotas que pusiera la banda, él no me hubiera dicho que se lo pidiera al mecánico, en fin, fue una serie de eventos afortunados.

Entonces recordé a Nacim, sus palabras y sus consejos, la importancia de aceptar las limitaciones en pos de lograr un objetivo, de como la persona más eficiente debe aprender a pedir y también, aunque no lo parezca, aprender a recibir.

Dar es muy satisfactorio, pedir es necesario y recibir, indispensable.

domingo, 17 de julio de 2011

La vida inútil...


Tengo ya un par de meses sin escribir y no porque no tenga nada que contar, sino porque a veces, como ahora, el tiempo pasa sin que las condiciones estén dadas para regresar por acá, a este rincón que adoro.

Recuerdo haber leído por ahí que el escritor escribe y escribe varias horas al día, tal como el atleta entrena, pero yo, claro, no soy una escritora, así que vengo de “cuando en vez” a aventar algunas letras por acá, más por desahogo que por cumplir una misión.


Recuerdo cuando niña haber visto en la tele dos versiones de “La vida inútil de Pito Pérez”, una con Ignacio López Tarso y otra con Tin Tán, ambas me encantaban, jamás me cansé de verlas (aunque confieso que nunca leí el libro) y aún ahora, si me las topo por ahí, me quedo enganchada y me las chuto completas otra vez.

Un día mi Mamá me dijo: “no sé por qué te gusta tanto, si es la vida inútil de alguien, qué tiene de interesante?”. Justamente la entrada anterior a esta, hablaba de historias interesantes que merecen ser contadas, pero pensándolo a fondo, qué historia no lo es? Existirá una vida que no valga la pena conocer?

Por supuesto eran versiones muy distintas, pero contaban la misma historia: enredos, malos entendidos y el punto de vista simple y natural de un hombre más inocente que ignorante, esa filosofía de vida, propia de un niño que asombra por su sabiduría y certeza, y un escritor decidido a contarla.

Aprovecho este pequeñito espacio para agradecer a quienes de vez en cuando pasan por aquí a echar un vistazo, dejar un comentario y a veces hasta sentirse identificados con una de las anécdotas de las que aquí dejo constancia.

GRACIAS pues por asomarse, a esta, mi vida inútil J