lunes, 11 de abril de 2011

Pase a la siguiente ventanilla...


Seguramente el solo título de esta entrada produce en usted, amable lector... muy probablemente miembro de mi familia, una sensación de empatía y solidaridad que lo invita a repetirse a sí mismo: "seeee, me ha pasado".

Y esta es en nuestro país como en muchos otros, por qué no decirlo, una historia demasiado contada, sin embargo! Al ser este mi blog y no responder sino a mi propio capricho y desahogo emocional, ahí les va de nuevo... y como dicen en mi rancho: el que avisa no es traidor, así que avisados están.

Todo empezó cuando surgieron planes en familia para viajar a Uruguay, entre las cotizaciones de vuelos, las fechas probables y el análisis de la viabilidad, decidimos que sí, que nos daremos un tiempito para escaparnos al otro lado del ecuador.


Lo primero que me vino a la mente fueron los pasaportes, ni el mío ni el de mi hija estaban vigentes puesto que la última vez que salimos del país fue en el 2005 así que había que renovarlos, en aquella oportunidad mi pasaporte estaba vigente y el único trámite que hicimos fue el de mi hija, el cual estuvo listo el mismo día en que fue tramitado, así que estábamos algo confiados, sin embargo, decidimos averiguar cuanto antes lo que se necesitaba para reponer ambos pasaportes, por aquello de no te entumas.

El coso fue hasta las oficinas de la SRE donde le dieron unos folletitos indicando los requisitos y proporcionando la página web y un número 01800 para programar una cita. Me sorprendió gratamente el hecho de que el nuevo procedimiento iniciara con programar una cita, pensé que aquello nos aseguraría ser atendidos prontamente y salir de ahí en menos de lo que puedes decir "Secretaría de Relaciones Exteriores".

Así que llena de falsas ilusiones y sueños guajiros, llamé y programé una cita para mi y otra para mi hija, apunté en mi agendita "miércoles 23 de marzo, 9:00 am" y empecé a reunir los documentos que se supone nos pedirían, con algo de desconfianza decidí incluir algunos otros que podrían hacer falta para el trámite y el día programado llegamos con puntualidad inglesa a preguntar en donde atendían a los que teníamos cita...

Aquí es donde empieza a romperse la ilusión y convertirse todo en el viacrucis al que estamos acostumbrados:

- Funcionaria: Tienen que ir a la oficina de la esquina para que revisen sus papeles.

-Yo: Ah muchas gracias, tenemos cita a las 9, nos atienden allá?

- Funcionaria: Es igual, ahí, ve la fila larga?, ahí les revisan sus papeles.

-Yo: Ahm, pero tengo cita.

-Funcionaria: Sí, en la fila por favor.

-Yo: Entonces la cita sirve pa' tres cosas

-Funcionaria: *asiente con algo de penita y me vuelve a indicar la fila*

-Yo: Bien, gracias *respiro hondo y nos dirigimos a la otra fila*

Esperamos aproximadamente 20 minutos en la fila, cuando llegamos a la ventanilla nos dijeron que las fotos de mi hija no servían, estaban "muy de lejos" pero nos daban todo ya sellado podíamos tomar otras fotos "a la vuelta" y continuar el trámite... de la cita ya ni hablamos, inexistente.

Nos entregaron las fotos de mi hija que salió con cara de cachorro encandilado y pasamos a la siguiente fila que era de hecho la primera en la que preguntamos.

- Funcionaria: Buenos días, ahora sí, me permite revisar sus papeles?

- Yo: Sí claro, aquí tiene... una pregunta, la otra fila no era para revisar mis papeles?

- Funcionaria: Sí.

-Yo: Y esta?

- Funcionaria: Para revisar sus papeles n_n

- Yo: Ah... este, ok... sí.

- Funcionaria: Tiene cita?

- Yo: o_O

- Funcionaria: Es que necesito que me de la clave que le dieron cuando llamó.

- Yo: Aaaaaah, o sea, la cita no sirve para nada pero ustedes tienen que comprobar que atendieron a los que teníamos cita, correcto?.

- Funcionaria (de nuevo con mirada de gatito de Shrek): sí :)

- Yo: Muy bien, aquí tiene.

- Funcionaria: Por favor fórmense ahí para que les revisen sus papeles n_n

- Yo: o_O ...ok

Pasamos a la siguiente fila, mi hija estaba feliz porque imprimió sus huellas digitales y le preguntaron si sabía firmar, dijo que sí y estampó su nombre en un papel, todo era risa y cierta sensación de "sí se pudo" hasta que una de las señoritas dijo: "y el pasaporte del Papá?"

- Yo: Ah es que aquí en el folleto, mire, aquí dice que como es extranjero, su documento migratorio es más que suficiente.

- Funcionaria: Aaaaaaaah pues no. Quién le dijo que estaba bien así?

- Yo: Las 2 personas que revisaron antes los documentos.

- Funcionaria: No pues así no puede continuar el trámite, el suyo sí pero el de la niña no.

- Yo: o_O

- Funcionaria: Mire, si quiere dígale a su esposo que se lo traiga, al cabo la siguiente fila tarda como 1 hora así que yo creo que sí alcanza a ir y venir.

- Yo: O_O ...sí, muy amable.

El coso voló echo la.... muy rápido a la casa a recoger su pasaporte mientras mi hija y yo esperábamos en la fila, el tiempo transcurría leeeeentamente y yo me dediqué a reírme pa' mis adentros de todos los ingenuos que llegaban a preguntar en donde era la fila de las citas... ja! novatos.

Con precisión de relojero mi esposo llegó a la oficina justo antes de que fuera nuestro turno, la funcionaria, hasta eso muy amable, recibió su pasaporte, completó el trámite y todo estaba listo!:

- Pulga: Falta mucho Mami?

- Yo: no, ya casi termina, verdad señorita?

-Funcionaria: Si, ya nada más tomamos las fotos y en hora y media pasan a recogerlos. Voltee para acá por favor.

- Yo: Deje nomás me pein...

- Funcionaria: Listo!

- Yo: o_O

- Funcionaria: Pase en hora y media a la ventanilla de la esquina

- Yo: Muy bien, gracias n_n ...grrrr ¬¬

Hora y media... bueno, por lo menos el trámite estaba concluido, esperar era lo de menos...

Por fin pasó el tiempo estipulado y allá fui, ahora sola puesto que ya no era necesaria la presencia de mi esposo y mi hija para recoger los documentos.

Oh! Ilusa de mi, aún recuerdo sonar en mi cabeza "We are the champions" de Queen, mientras con inusitada seguridad sacaba de mi cartera mi credencial de elector y me acercaba a la ventanilla de entrega de pasaportes que se encontraba completamente vacía y sobre la cual un rayo de luz celestial caía iluminando el cristal y el letrero que decía: "Revice bien sus datos"

- Funcionaria: Nombre?

- Yo: *está en la credencial que trae en la mano, pero ok* Tania Valladares

- Funcionaria: Hizo su trámite hoy?

- Yo: sip n_n

- Funcionaria: Todavía no está... si gusta tomar asiento, ahorita le llamamos.

- Yo: si :(

- Funcionaria: TANIA VALLADAREEEEES?!!!!

- Yo: *sentada a medio metro de la ventanilla* sí, soy yo :D

- Funcionaria: Es que, mire, no podemos darle su pasaporte

- Yo: o_O ...por qué no?

- Funcionaria: Es que, el sistema nos arroja que usted tiene un pasaporte de 1998 que también debería de traer.

- Yo: En su folleto dice que debo traer el pasaporte a canjear y ese fue el que traje.

- Funcionaria: Sí le entiendo, nomás que eso es lo que arroja el sistema.

- Yo: Srita., cinco personas revisaron mis documentos, nadie me dijo nada al respecto.

- Funcionaria: Sí pero es que es hasta que lo arroja el sistema.

- Yo: Y no sería una buena idea que la primera persona revisara en el sistema para que este arroje a tiempo lo que tiene que arrojar?!!

- Funcionaria: ah no, es que el sistema no funciona así, lo arroja hasta el final.

- Yo: Ok, bueno, entonces traigo el otro pasaporte y listo.

- Funcionaria: sí, pero ya mañana porque entregamos pasaportes hasta la 1 y ya casi son.

- Yo: Bien, mañana regreso entonces, pero sí deberían poner en sus folletos exactamente lo que debemos traer o darles las herramientas necesarias a las cinco personas que lo revisan antes para que puedan detectar algo así, si no de que sirve que lo revisen tantas veces?!!

- Funcionaria: sí, como le digo, es lo que arroja el sistema.

- Yo: entiendo, bueno, gracias n_n *te voy arrojar a la... ash* y el de mi hija?.

- Funcionaria: ese sí le dijeron que tarda como cinco días porque el papá es extranjero y hay que verificar sus documentos.

- Yo: Señorita... sí, si me dijeron, gracias.

Al día siguiente me armé de valor y de cuanto documento encontré. Por si las moscas, cargué con acta de matrimonio, acta de nacimiento, copias de ambos pasaportes, fé de bautismo, mi primer zapatito y mi foto de quinciaños y fui de nuevo a la oficina.

- Funcionaria: muy bien, ya con esto ya queda su trámite, vuelva en una hora y media.

- Yo: *suspiro profundo* bien, vuelvo más tarde, gracias n_n

...una bolsa de papas con salsa después...

- Funcionaria: Nombre?

- Yo: Tania Valladares

- Funcionaria: De cuando es su trámite?

- Yo: De ayer

- Funcionaria: no está, me permite un momento? ahorita la llamamos.

- Yo: o_O

- Funcionaria: TANIA VALLADAREEEEEEEEEES?!!!

- Yo: *de nuevo sentada a medio metro, le dí mi nombre hace menos de un minuto, soy yo! no tiene que gritar!!* sí, soy yo.

- Funcionaria: aquí tiene su pasaporte, es que me dijo que era de ayer y su trámite es de hoy oiga, por eso no lo encontraba *murmura* uno les pregunta de cuando para facilitarles las cosas y bueno, aquí está.

- Yo: Sí perdón, es que el trámite lo empecé ayer y el documento que faltaba lo traje hoy.

- Funcionaria: ve? entonces es de hoy, mire, yo le pregunto para servirle mejor, no es de ayer, eh? es de hoy.

- Yo: *suspiro profundo* bien, muchas gracias.

Saliendo de la oficina por fin con el pasaporte en las manos, no me atrevía ni a revisar los datos, me daba pavor que hubieran escrito Tania Balladares o Vayadares o Valladarez, cosas que suelen ocurrirme, abrí con cuidado el pasaporte y... fiuuu, para mi beneplácito, todo estaba en orden: "Tania!" oigo que alguien grita mi nombre:

- Amiga: Hola Tania!

- Yo: Hola Mujer! Qué andas haciendo? Viniste a tramitar tu pasaporte?

- Amiga: No, sólo vine a preguntar los requisitos, tengo cita, mañana a las 12 n_n

- Yo: Vente a las 8.

- Amiga: Pero tento cit...

- Yo: A las 8 amiga, a las 8... ;)

Ella se rió, no tuve que darle muchas explicaciones de lo que eso significaba (o al menos eso espero, igual y me tiró de a loca y siguió feliz con su cita), nos despedimos y me alegré de haber concluido una vez más, uno de esos trámites que no deberían ser tanto problema y menos aún cuando se trata de una renovación.

Cada vez que me acercaba a una de las ventanillas, las señoritas que me atendieron lo hicieron con cierto grado de amabilidad, me daba cosa reclamarle algo a alguna de ellas, porque finalmente uno piensa, "ella está cumpliendo con su trabajo", "no es su culpa", entonces? con quién hablamos? con quién nos quejamos? ante quién podemos hacer evidente que algo está mal con su sistema y un niño de 6 años es capaz de notarlo antes que ellos?

Esta historia, ya les digo, es una historia conocida, repetida, experimentada por la mayoría de los mexicanos que en algún momento hemos tenido que realizar un trámite de cualquier tipo y sí, luego de un rato se vuelve chiste y se platica con cierta gracia, pero la realidad es que no debería ser así, no se supone que pasaron ya los años falta de calificación para ocupar estos o cualquiera de los puestos de servidores públicos?

Un sistema eficiente debe optimizar tiempo y recursos de todo tipo en beneficio no sólo del usuario sino de los propios prestadores de servicio, y el cambio apá?

Oso decir que el pasaporte de mi hija por el que teníamos que regresar en cinco días, estuvo listo al fin y como resultado de llamar dos veces al día... a las tres semanas

Y ahora, quién podrá ayudarnos?

martes, 1 de marzo de 2011

Divídanse en equipos de cinco...

A lo largo de los años desarrollé una fobia, medio, pánico o como gusten llamarle, a las dinámicas de grupo. En más de una ocasión logré escabullirme cuando reconocía en el facilitador alguna señal que indicara que estaba por iniciar una dinámica grupal, es importante reconocerlas a tiempo porque para cuando dice: "divídanse en equipos de..." ya es demasiado tarde.

He intentado hacer memoria para tratar de detectar un momento preciso, un parteaguas, un antes y después de mi aversión a las dinámicas de grupo pero la verdad es que no hay tal, creo que fue más bien una serie de pequeños miedos e incomodidades que me hacían salir huyendo cuando presentía que estaban por aplicar alguna.

Cuando trabajaba en una empresa de cosméticos, entré a una capacitación intensiva durante un mes con otras veinticinco mujeres, se podrán imaginar aquello, divididas en parejas para el hospedaje y en equipos para trabajar, se produjeron cualquier cantidad de filias y enemistades, las que al principio se amaban terminaron odiándose y viceversa, hubo quien no resistió la presión y desistió y otras que como yo, salimos avante más por necedad y persistencia que por otra cosa, aunque dadas las circunstancias era de hecho casi la única forma de sobrevivir.

Ah no no, no crean que exagero... han visto America's Next Top Model? pues era algo así pero con un promedio de veinte centímetros menos y quince kilos más, más de veinte mujeres que no peléabamos por una gerencia puesto que ya estábamos contratadas para trabajar en diferentes ciudades del país, pero sí había una clara competencia por destacar, por llamar la atención, por ser de cierta forma, recordada por jefes y facilitadores.

Yo, cómo solía hacer cuando veía que se avecinaba una dinámica, escapaba a hablar por teléfono, iba al baño, inventaba cualquier excusa para desaparecer, pero Italia, nuestra facilitadora, con la experiencia que nos era evidente, en cuanto descubrió mi estrategia, aplicó una mejor, me esperaba para empezar... Por supuesto no era yo la única en intentar huir ni la única a la que esperaba así que después de la primera vez que esto ocurrió, me rendí, sabía que ella era la autoridad y que finalmente, yo estaba contratada y tenía que cumplir con lo que la empresa esperaba de mi y si en ese momento esperaba que yo asistiera al curso y de mil amores participara en las dinámicas, pues tenía que hacerlo, qué remedio.

Mis miedos de años se acumularon en aquellos días, empecé a recordar las dinámicas que había vivido en otros cursos y por qué las odiaba.

El primer miedo es el de quedar abandonado cuando todos hayan formado su equipo, si tienes suerte, le echarás el ojo a algún compañero y aún antes de que empiecen a elegir, le habrás echado una mirada de "acá tu y yo chido" y el mundo que ruede, no estás solo! Ahora que si no es el caso, otra buena técnica para no ser elegido al final es ponerte tú a elegir, a menos claro que nadie quiera estar en tu equipo, en cuyo caso se me acabaron las opciones, supéralo!

Luego está aquella en la que uno se pone una hoja en blanco en la espalda, todos caminan sin rumbo por el salón y de pronto alguien te detiene y escribe lo que piensa de ti (esta tiene sus variantes), la dinámica termina cuando todos han escrito en la espalda de cada miembro del grupo y bueno, la verdad es que no me había ido tan mal, me habían tocado algunas críticas pero afortunadamente hechas de forma constructiva, sin embargo recordaba a personas que habían recibido comentarios espantosos! pensar que podía llegar a leer algo así en mi inmaculada hojita tamaño carta, me aterraba

También están las dinámicas en las que te hacen hablar de cosas personales, nunca falta el que termina diciendo sus más íntimos secretos y rompiendo en llanto ante una bola de gente con la que tendrán que ir a trabajar el día siguiente siendo blanco de sus miradas acusadoras o de lástima (según sea el caso).

Por otro lado están las dinámicas que te obligan a tener contacto físico con otros seres humanos. Que osadía! mira que obligarte a tomar la mano sudorosa de tu compañero o compañera que por si fuera poco te sujeta varios segundos después de que todos se han soltado y te da pena decirle algo, así que te quedas ahí paralizado hasta que persona decide liberarte del tormento y de forma discreta te limpias la mano en el mantel cuidando que el otro no te vea para no herir susceptibilidades... ay, a poco no les ha pas...? ...no? ahm... ok.

En resumen, siempre he tenido la idea de que las dinámicas de grupo son como las borracheras, en ellas sale a relucir el verdadero yo de las personas, se potencializan las virtudes y los defectos, las asperezas se liman o se convierten en una guerra declarada y el compañerismo, también hay que decirlo, se afianza.

Después de todo entiendo el por qué de las dinámicas, Italia en aquel entonces tenía tan solo cuatro semanas para decirle a los directivos, quiénes éramos y que podían esperar de nosotros y siendo franca, no había mejor forma de saberlo.

Tantas cosas han pasado desde aquellas dinámicas de la prepa y la universidad, de las que me topé en los cursos a los que asistí trabajando para diferentes empresas y de las muy intensas dinámicas en aquel curso cuyas compañeras recuerdo, honestamente, con mucho cariño y con quienes he mantenido el contacto durante todo este tiempo.

Ahora, parte de mi trabajo, parte de mi meta, de lo que estoy haciendo ahora y que por mucho tiempo busqué, es justamente ser facilitadora, me toca estar del otro lado, detectar actitudes, potenciales y debilidades, ayudar, impulsar, orientar y todo lo que crea que servirá para el logro de los objetivos del curso en un limitado periodo de tiempo.

Y sí, tal como lo sospechan, incluyo siempre dinámicas de grupo. Reconozco que las dinámicas disparan las habilidades de liderazgo, preparan para la resistencia a la frustración, y como dije antes, ayudan a potencializar las virtudes y a detectar las áreas de oportunidad, pero sobre todo, a entender que hagas lo que hagas, sin importar a lo que te dediques y el puesto que tengas, siempre va a haber algo que dependa de otra persona, siempre tendrás que aprender a delegar, a confiar en alguien más, vaya, sin más rodeos: a trabajar en equipo.

No voy a mentir, quizás la próxima vez que me vea obligada a participar en una dinámica de grupo, no pueda resistir el impulso de saltar por una ventana o fingir un desmayo para salir bien librada de semejante tortura, o quizás, supere ese primer impulso, participe abiertamente y aprenda una nueva y valiosa lección.

miércoles, 23 de febrero de 2011

La batalla de los plásticos...

Aaaaah… qué tiempos aquellos en que respirar y ser mayor de edad eran requisitos suficientes para obtener una tarjeta de crédito, bueno, al menos eso parecía, creo que cada día me llamaban de un banco diferente o de una tienda departamental para ofrecerme una tarjeta de crédito y yo claro, por aquellos ayeres sintiéndome todopoderosa aceptaba y aceptaba y así logré tener no una, ni dos, ni tres, no señores y señoras, yo era la orgullosa portadora de siete tarjetas de crédito, además de contar con un crédito automotriz y uno de vivienda… cabe aclarar que no ganaba seis mil pesos.

Los años fueron pasando, las compras sucediendo, los viajes acumulándose y la deuda creciendo. En mi mente, mi sueldo alcanzaba a cubrir perfectamente todos mis gastos, una y otra vez me topé, con aquellos consejos como: no gastes más de lo que ganes, reserva un porcentaje de tu sueldo para ahorrar, o, no pagues el mínimo, paga el total para no generar intereses, pero no no no, a la voz de "la vida es ahora", hice justo lo contrario.

Y así, cambiaron mis circunstancias personales, mi trabajo y por supuesto, mi sueldo, para terminar de arruinar el asunto, surgieron las famosas compras a meses sin intereses y como tantos, vi en ellas una forma de obtener las cosas que creía necesitar (y algunas que en efecto necesitaba) sin tener que pagarlas de un solo jalón.

Llegué al punto de hacer el súper con la tarjeta de crédito, porque según yo, la pagaría tan pronto llegara la quincena, pero luego, claro, una deuda se sumaba a la otra y los pagos para no generar intereses superaban mi ingreso, ah! Pero yo era más lista que los bancos (ayajáa) como tenía varias tarjetas con diferentes fechas de corte y pago, pues aplicaba la técnica de la Nana Fine y usaba una tarjeta para pagar el mínimo de la otra y luego con esa pagaba la otra y la otra y así, un círculo interminable de deudas cuyos intereses crecían y crecían, fue formándose a mi alrededor.

Después, con siete tarjetas hasta el tope, comprendí que tenía un problema (bien perspicaz yo) y entonces solicité una tarjeta más (les digo, bien brillante) dicha tarjeta “compraba” tus deudas de otras tarjetas y te permitía pagar con un pago congelado a plazo fijo y con menor interés, así que con ella eliminé las tarjetas más pequeñas y me quedé con cuatro (incluída la nueva), pero la deuda era prácticamente la misma.

Total que terminé con cuatro tarjetas hasta el cuello y todo el dinero que ganaba, TODO se iba en pagarlas, pagando por supuesto una barbaridad de intereses, recuerdo las palabras de mi Madre a cada rato: trabajas para pagar intereses, nada más. Lo peor era que además, seguía gastando, ni les cuento la de veces que muy decidida llegué a recortarlas o a rasparles la banda magnética pero ni eso me detenía, terminaba comprando cosas por internet.

Luego, de nuevo una circunstancia personal movió el tema de los ingresos y de las tres que tenía sólo pude seguir pagando… oh, esperen, no pude seguir pagando ninguna, y entonces vino lo bueno, porque mal que bien durante los años anteriores yo había ido pagando por lo menos el mínimo para mantener un historial crediticio medianamente decente, pero ahora simplemente me era imposible.

Los bancos por supuesto me buscaban día, tarde y noche, de lunes a domingo, por teléfono, celular y hasta en mi casa, era una pesadilla total, entonces me encontré con un anuncito de esos que te saltan encima al abrir una página, (ni siquiera recuerdo que página era) dicho anuncio me invitaba a conocer un esquema llamado “resuelve tu deuda” y sin nada que perder, allá fui, no bueno, era una cosa muy maravillosa, para que pudieran ayudarte los únicos requisitos eran deber más de treinta mil pesos en más de una tarjeta y yo por supuesto rebasaba sus expectativas, casi estaba orgullosa de calificar… ok no.

El caso es que envié mis datos y solicité más información acerca de cómo furulaba el asunto, aparentemente, la cosa era simple, yo firmaba un contrato en el que me obligaba a pagar a resuelvetudeuda.com una cantidad de maomenos cinco mil pesos al mes durante veinticuatro meses (había varias opciones, doce meses, dieciocho, etc.) un porcentaje de ese pago se iba para los gastos administrativos de dicha empresa y el resto, claro, se abonaba a mis tarjetas de crédito, pagándose así, la primera tarjeta en el mes número cinco, la segunda en el mes número diez y la tercera en el mes número veinte o algo así. Sonaba genial! Prometían además que las llamadas y cartitas cobradoras disminuirían considerablemente, y por si fuera poco! Al final del “programa” te otorgaban un préstamo para reintegrarte al fabuloso mundo de los sujetos de crédito.

Era estupendo, buenísimo! …de hecho, demasiado bueno. Tengo la fortuna de contar con un amigo financiero y antes de firmar el contrato toda loquita y hacer el primer pago (que no era a uno de mis bancos acreedores, sino a una aseguradora y por concepto de pago, el recibo decía: seguro de vida), total, que afortunadamente tuve la buena cabeza (por fin) de llamar a mi amigo, contarle más o menos como era el asunto y enviarle el contrato y todos los documentos que me habían mandado para ayudarme, lo primero que me dijo, sin haber visto nada todavía fue: y con qué garantía te van a prestar el dinero? Quién les asegura a ellos que les vas a pagar si no te piden ni siquiera un aval? Mientras pagan tu primera tarjeta, que pasa con la deuda de las otras?

Las preguntas de mi amigo por supuesto resultaban muy lógicas, yo misma me las había hecho, así que con todo y lo obvio que parecía, le envié los documentos. Después de un par de días, me llamó y me dijo que el contrato no parecía tener nada ilegal pero tampoco explicaba cómo se harían cargo de las deudas, que pasaría si yo no pudiera pagarles y algunas otras cosas que ahora no recuerdo pero que en su momento me hicieron reaccionar, "entonces, ni hablar verdad?", le pregunté yo toda ingenua y me dijo: "quieres mi consejo? Habla con cada banco, llega un arreglo y págales, no hay mejor opción."

Al día siguiente mientras estaba trabajando vi en mi escritorio un sobre, era de uno de los bancos, había llegado hace días pero como ya sabía de qué se trataba ni siquiera me había molestado en abrirlo, pero decidí seguir el consejo de mi amigo: “habla con cada banco” y lo abrí, era un esquema interesante que me permitía pagar la deuda, durante el programa de pagos no podría usar la tarjeta y al final quedaría cancelada, esto claro, tiene sus repercusiones en cuanto a la solicitud de futuros créditos pero yo todo lo que quería ya, era estar libre de toda deuda, el plazo de esa negociación ya había pasado, pero igual los llamé y la respetaron, así pude finalmente cancelarla, hice lo mismo con la siguiente y estoy en proceso de liquidar la última de ellas.

Fue una lección dura y carísima! Ahora compro las cosas cuando tengo dinero para comprarlas, trato de no gastarme todo lo que tengo como si de eso se tratara y aunque probablemente jamás seré un ejemplo de excelente administración, me quedan claros los errores que no debo volver a cometer.

Ah! Por cierto, cuando los de “resuelve tu deuda” supieron que había cambiado de opinión, me llamaban más veces que los bancos para intentar convencerme de tomar su esquema, cuando les dije que ya había pagado las tarjetas que me hacían merecedora de su súper promoción, el fulano que me atendía me dijo que los bancos me habían visto la cara, que me había dejado engañar y que me iba a arrepentir, me lo dijo con un tonito tan insoportable que le dije que no se valía que encima de que me habían querido engatusar me llamaran para prácticamente insultarme y le colgué, nunca más volvieron a llamar.

Moraleja: no gastes más de lo que ganes, reserva un porcentaje de tu sueldo para ahorrar, y no pagues el mínimo, paga el total para no generar intereses… oh, esperen, ya lo habían escuchado?

Ahm… bueno, los dejo entonces con esta: las tarjetas de crédito son pendejas en manos de peligrosos.

;)

martes, 15 de febrero de 2011

El límite de la ambición


Esta entrada bien pudo tener por título: "Cómo decir no y no morir en el intento" y es que, cuando de un trabajo que nos apasiona se trata, podemos perder de vista los límites que separan la sana ambición de superarte, hacer algo trascendente con tu vida marcando de forma positiva la vida de quienes te rodean y la ambición por tener más y más... de lo que sea.

Hace más de un año decidí separarme de una empresa en la que realizaba un trabajo interesante y bien remunerado pero que no era precisamente lo que yo tenía en mente para mi futuro y dado el caso, para mi presente, y me separé porque tenía claro lo que quería hacer, lo que desde hace muchos años, cuando aún era estudiante universitaria, me había marcado como una meta profesional.

Dicha meta era dedicarme a la consultoría y capacitación, por supuesto en mi área de estudio, la Comunicación Organizacional, en aquel momento no sabía que me metería tan a fondo en el mundo de las ventas y mucho menos del comercio electrónico, el caso es que hace más de un año cuando renuncié, sentí que estaba preparaba para iniciar mi camino como profesional independiente.

Cuántas cosas han pasado desde entonces, nuevas experiencias, sociedades, proyectos, pero sobre todo, trabajo, MUCHO trabajo, desde las relaciones públicas, la prospección, citas, citas y más citas, presentaciones y todo aquello que me llevara, por lo menos un paso más cerca de mi objetivo.

De pronto, y especialmente en los dos últimos meses, varios proyectos largamente acariciados comenzaron a concretarse, varios clientes que literalmente perseguí durante más de un año, me dijeron por fin: sí.

Empecé a trabajar de forma entusiasta y viendo como todos mis sueños se hacían realidad, incluso publiqué en mensaje diciendo eso, que mis sueños se estaban volviendo realidad aunque sin nada mágico de por medio, todo fruto del trabajo de tanto tiempo... y de pronto, me encontré literalmente encadenada al trabajo, dedicada a un proyecto y en un momento de "descanso" me permitía unos minutos para dedicarlo a otro y en cuanto terminaba, avanzaba en el siguiente.

Incluso comía junto a la computadora porque no podía permitirme perder ni un valioso minuto, ahora que los clientes estaban diciendo que sí, ni modo que yo dijera que no!

Y entonces recordé un término del que supe hace mucho, se llama "nivel de incompetencia" aunque no se refiere a abarcar mucho y apretar poco, sino a subir y subir de nivel en una compañía desarrollándote magistralmente hasta llegar a un puesto para el que resultas un inepto, pero de cualquier modo, le encontré cierta similitud a lo que me estaba ocurriendo.

La tan añorada independencia, no era tal, los proyectos seguían llegando, me encontré como en mi nada lejana juventud... cof, cof... en la que justo cuando tenía novio era que surgían pretendientes! Ahora justo cuando tenía más trabajo parecía que todos querían trabajar conmigo!

Me empezaron a llegar, como dije antes, respuestas afirmativas de clientes a los que literalmente perseguí por mucho tiempo y propuestas externas empezaron a llegar de la nada, desde asesorías hasta distribuciones y concesiones.

Por supuesto primero pensé en términos financieros, haciendo cálculos de lo que ganaría de tal proyecto, sumado a tal otro y al otro y al siguiente, pero el tema del nivel de incompetencia me seguía acechando, acompañado de refranes como "el que a dos amos sirve, con alguno queda mal"... ahora imagínense tres, cuatro, quizás cinco, era una locura.

Me di cuenta que el verdadero sueño no era ser independiente para poder tener todos clientes que fuera capaz de atender y hasta los que no!... el sueño era en realidad, tener la posibilidad de elegir.

Una de las empresas a las que me había acercado, subsidia a una empresa más pequeña, el Director de la primera quería trabajar conmigo pero el dueño de la segunda, no, así que mientras uno me decía que iniciara el proyecto, el otro me decía, sin la más mínima educación, además, que él no lo autorizaba y hoy después de mucho estire y afloje, decidí que soy yo la que no quiere ese proyecto, agradecí al primero, se lo aclaré al segundo y volvió la paz.

No todo es trabajo, no todo es dinero, este par de afirmaciones parecieran ser tan evidentes que ni siquiera haría falta mencionarlas, sin embargo, hace falta sí, porque, al menos yo, me estaba perdiendo en un mar de proyectos que a la larga, seguramente más de uno, hubiera terminado en fracaso.

Respiré, valoré, elegí y estoy contenta con la decisión, por un lado canalizando algunos proyectos con otros profesionales que seguramente harán un excelente trabajo y por otro desechando aquellos que no traerían más que un desgaste intelectual y emocional que no se paga con nada y que si fuera yo muy mala leche, se los recomendaría a algún colega que me cayera mal, pero muy mal... naaaah, eso no lo haría, pero pensarlo ya es una buena travesura.

Nada hay tan estimulante como un trabajo que te apasiona pero más allá de encontrar el tenerlo a montones como una señal de éxito, es la capacidad de elegir, al menos para mi, en este caso, lo que me dice que nada de lo que hice en todo este año de trabajo, ha sido en vano. Libertad de elegir, decidir y disfrutar... nada define mejor la verdadera independencia.

No existe el verdadero éxito en una ambición sin límites.

lunes, 24 de enero de 2011

Contra pronóstico...

Se me ocurría otro título para esta entrada, pero posiblemente no recordarías de donde viene la frase, es de una de esas películas que yo amo y a ti te aburren, pero bien viene al caso cuando tus cosas ocupan de nuevo su espacio y por momentos me pregunto si amaré al nuevo tú tanto como al primero o a fin de cuentas al mismo, si reconocerás en mi a la que fui o aprenderás a amar a la que soy, a fin de cuentas, la misma.

Reconozco casi todo, el libro de allá y esta película, los dibujos y el toro de plastilina, hay muchas cosas que no conocía, otras que odiaba y tantas que amé, y quizás no, no eres el mismo, ni yo la misma, pero aquí estamos de nuevo.

Muchas veces durante este tiempo escuché más de una vez acerca del valor que se requiere para separarse y justo ahora creo que se precisa tanto o más valor para elegir como lo hicimos hace nueve años, estar juntos.

Y de nuevo, como entonces, cabe brindar por el "que tal si" (sí, esa era la frase), y más que eso, más que aceptar la apuesta y ver lo que sucede, cabe brindar por el estamos, por el ahora y por el juntos.

Habrá que buscarle lugar al gecko, a los botes lecheros y a la mesita alta... y empezar de nuevo, y descubrir otra vez, como lo hicimos entonces, cuando no pudo con nosotros ni la distancia ni nada, que somos nosotros los que podemos con todo, contra pronóstico.

sábado, 15 de enero de 2011

Del dicho al hecho, hay mucho twitter...

El día de ayer me encontraba tuiteando alegremente, bromeando acerca de la nueva distribución de los signos zodiacales cuando un tuitero me dijo que había cosas más importantes sobre las cuales preocuparse, me llamó la atención su comentario, en primer lugar porque estando él preocupado por las cosas que yo debería o no escribir en twitter, seguramente también estaba preocupándose por las cosas equivocadas y segundo porque si bien, como comunicóloga soy una fiel creyente del diálogo, la difusión y por supuesto de la palabra en sí, preocuparse y hablar realmente no soluciona nada por cuenta propia, a menos claro que se les utilice para llevar a cabo una acción real, a ver si consigo explicarme.

No es lo mismo retuitear a cuanta asociación protectora de animales te topes, que salir a la calle y rescatar a un cachorrito, a menos claro que tu retuiteo provoque que alguien más salga y lo haga, aún así y a pesar de tu ayuda, fue el otro quien llevó a cabo la acción, aunque quizás no haya tuiteado acerca de ello, dicho lo cual, podríamos llegar a la conclusión de que quien habla al respecto quizás no esté tan interesado en la resolución del problema como quien en efecto se para del cómodo asiento que ocupa detrás de la pantalla, sale al mundo real y hace algo al respecto, así como tampoco podemos afirmar que lo que uno u otro hacen, carece de valor.

Con esta reflexión, me levanté de la comodidad de mi asiento detrás del monitor (en realidad estaba enfrente, si no, como haría para verlo?) y salí al mundo real, no, no a rescatar cachorros, sino a actividades más banales tales como pagar el teléfono, así que me dirigí a la tienda Telmex más cercana a la que por cierto, evito ir, al igual que a los bancos y cualquier servicio que pueda pagar desde internet, pero sucede que se trataba de mi primer factura, misma en la que mi nombre se encontraba mal escrito y no aparecía mi RFC, así que armándome de valor y tratando de olvidar el via crucis que pasé durante la instalación (que es muy largo de contar y por su salud mental y la mía, me reservaré) allá fui a solucionar dicha situación.

Al principio todo iba bien, cuando iba a sacar el turno de la maquinita, una señorita se me acercó, me preguntó que trámite iba a efectuar, le expliqué y me vió con cara de "ah 'tonces si" así que tomé la ficha y apenas me iba a sentar en la sala de espera cuando una de las ejecutivas me hizo la seña de que pasara con ella, "bien! no me voy a tardar nadita" pensé, y me acerqué para decirle lo que necesitaba, el diálogo fue más o menos así:

Ejecutiva: entonces su apellido correcto es...

Yo: Valladares

Ejecutiva: ok, y cómo dice en su factura?

Yo: ValladOres

Ejecutiva: entiendo, y cómo es el correcto?

Yo: Valladares

Ejecutiva: y en su factura, dice...

A estas alturas me sentía yo en un capítulo del Chavo del Ocho, lo peor no era que preguntara una y otra vez mi apellido, sino que durante el diálogo, ella sostenía mi credencial del IFE entre sus santas manitas, en fin, por fin hubo sinapsis y escribió: Valladares. Ahora había que corregir el RFC, y la cosa fue algo así:

Ejecutiva: me da su RFC?

Yo: V-A-D-T

Ejecutiva: *teclea BADP y me muestra el monitor* es correcto?

Yo: No, no es correcto, es V de Valladares y T de... es decir, es MI RFC, es VADT

Ejecutiva: *teclea VADT y me muestra el monitor* es correcto?

Yo: Si, ahora si, gracias.

Ejecutiva: algo más... etc etc, ya se la saben

A pesar de todo, la cosa iba bien, me habían atendido con relativa rapidez y amablemente, yo esperaría un poco más de sentido común, es decir, que se le ocurriera copiar el apellido de mi credencial de elector y asumir que al tratarse de mi RFC, la V que yo había deletreado era en efecto "V" y no "B" pero bueno, como dijera Eugene O'neill, "esperar sentido común en la gente, es no tener sentido común", así que tomé las cosas con humor e incluso tuiteé al respecto, había resultado ser después de todo, un momento chusco.

Enseguida me dirigí a las cajas, donde según yo, el trámite era mínimo, esperar mi turno, pagar y retirarme, pero ahí fue donde la experiencia acabó por valer queso, como era de esperarse, llegó mi turno, avancé hacia la caja entregué mi recibo y una tarjeta de débito, la misma que uso todos los días, para todas mis compras. La cajera tomó mi tarjeta y afirmó: "esta tarjeta no está firmada"...y bueno, el diálogo continuó así:

Yo: Sí está firmada *le señalo mi firma*

Cajera: Y eso a Usted le parece legible? *con tono de maestra regañona*

Yo: Sí, me parece totalmente legible.

Cajera: Pues a mi no, le voy a pedir que la vuelva a firmar

Yo: Lo que pasa es que si la firmo, se va a ver sobrepuesta y entonces voy a tener problemas al querer utilizarla después.

Cajera: ese es su problema, por qué no se protege firmando bien?

Yo: Está bien firmada, tiene el desgaste natural del uso pero la firma es completamente legible, además mi nombre está grabado en el plástico y aquí está mi credencial del IFE

Cajera: Pues yo no veo la firma y no tengo con qué cotejarla

Yo: La firma está aquí, si la veo yo, estoy segura de que Usted también

Cajera: Vuélvala a firmar

Yo: No la voy a volver a firmar, sabe que? voy a pagar en efectivo, creo que traigo suficiente

Cajera: Si no le parece hable con mi gerente

Yo: Si es igual de "amable" que Usted, no gracias

Cajera: No me pagan por ser amable, me pagan por hacer mi trabajo

Yo: Ok, ahí está el efectivo, limítese a cobrarme

Cajera: Y yo que culpa tengo de que Usted no traiga tarjetas bien firmadas, ese es su problema

Yo: *recojo el cambio* y yo que culpa tengo de que Usted necesite una nueva graduación en sus lentes.


No había terminado de salir de la tienda cuando ya estaba tuiteando toda la experiencia, más de un tuitero se sumó a mi queja, me apoyó o incluso compartió una anécdota propia, personal del área de atención al cliente me contactó vía Twitter, me agradecieron la retroalimentación diciendo que ello les ayudaba a mejorar y por la tarde recibí una llamada a la casa para ofrecerme una disculpa y pedirme detalles del incidente.

Se agradece el esfuerzo de mostrar una cara amable, pero el mal rato ya había pasado y no hay nada que puedan hacer para cambiar eso y entonces pensé, y toda la gente a la que le pasan cosas así y no dice nada? por qué lo acepta? por qué no reclama? por qué no estamos acostumbrados a exigir excelencia por parte de los servicios por los cuales PAGAMOS!, esa es una de las muchas cosas que nos hacen falta para que este país ande derechito.

Hace unos meses, mi Mamá se la pasó a vuelta y vuelta para lograr que le cancelaran un cobro no autorizado de la Sección Amarilla vía Telmex, una empresa la mandaba a la otra y la tuvieron como pelotita durante unos días hasta que finalmente una ejecutiva de Telmex le dijo: "pues si no le parece, cancele" y mi Mamá por supuesto, canceló y contrató una linea de Axtel, porque no hubo nadie que genuinamente se interesara en resolver su problema, como no hubo nadie que se tomara la molestia de ofrecerle una disculpa.

El mensaje de Telmex es un implícito: "sabes cuantos clientes tengo? realmente crees que te necesito o que me importas de forma particular?" esa, como muchas empresas de "calidad mundial" en nuestro país, hacen de sus usuarios de servicios PRIVADOS por los cuales pagamos, lo que se les pega en gana.

Recuerdo mucho a un grupo de ingenieros que visitaban Aguascalientes con cierta frecuencia para trabajar en una empresa transnacional en cuya área de Recursos Humanos yo trabajaba, íbamos que si a los tacos, al restaurante, al café, etc. y en una ocasión uno de ellos (canadiense de ascendencia jamaiquina) me dijo: "Tania, por qué das las gracias cada vez que nos traen algo y cuando nos vamos de un lugar, gracias otra vez? y te pasas todo el tiempo pidiendo por favor y agradeciendo cosas por las que estás pagando."

Quizás el punto de vista de mi buen amigo Roger pudiera parecer extremo para muchos de los que pensamos que aunque ese sea el caso, el dar las gracias refleja cierto nivel de educación, sin embargo, profundizamos en el tema y el fondo de su comentario era: "por qué parece que las personas a las que contratas para hacer algo, te están haciendo un favor?", me comentó cosas que le tocaba ver en el aeropuerto, en los hoteles, en fin, en todos los lugares a los que acudía a recibir un servicio y si exigía algo lo veían como bicho raro mientras el veía como bichos raros a quienes no exigían lo que merecían.

Curiosamente, la reflexión que me ocupaba antes de salir de casa respecto a si hablar resolvía un problema o no, rápidamente fue puesta a prueba por los eventos que le sucedieron.

Solucioné algo? Definitivamente en lo que a mi respecta, diría que no, porque el mal trato ya lo había recibido y palo dado ni Slim lo quita, sin embargo, era necesario decirlo, para que si le llamaron la atención a la cajera, por lo menos lo piense dos veces antes de volver a tratar a alguien así, para que si alguien más leyó mi queja y luego notó que Telmex me contactó para tratar de arreglar los daños, no se queden callados la próxima vez que a ellos les pase algo, para que Telmex, si de verdad les importa un bledo lo que pasa en sus sucursales, se acerque a la Tienda Telmex Gandhi en Aguascalientes y diga, a ver: que chihuahuas está pasando aquí? para... seamos realistas, quizás para nada más que dejarme descargar mi ira en 140 caracteres.

Sin embargo, me siento bien por haber hablado, los invito a todos a hacerlo, a dejar esa actitud agachada de tomar todo lo que nos dan como se les da su gana a empresas públicas y privadas entregarlo y empezar a exigirlo como merecemos.

Que bueno que twitter sirva para canalizar este tipo de quejas, que bueno que sirva (si es el caso) para despertar a los que creen que hablar no consigue nada y que maravilloso que sirva para hablar de todo aquello que nos ocupe y preocupe sin que ello tenga necesariamente que ocupar o preocupar a los demás.

En fin, en qué iba yo? ...ah sí, pinche Ofiuco!

martes, 4 de enero de 2011

Imanes para el refri...

Volver a casa... después de un año de ausencia en el que traté de convencerme de que, como muchos dijeron, esto no es más que piedra sobre piedra que forma una estructura, estoy de nuevo en el lugar que elegí con mi familia para que se convirtiera en nuestro hogar, tengo la sensación de que para mi hija también fue así, llegó y su apoderó de cada rincón, lo llenó de sus sonidos y de su luz, otra vez.

Cada vez que ella se va con su Papá, queda todo en silencio y yo trato de concentrarme en el trabajo y de disfrutar, por qué no? el espacio que da lugar a la reflexión y al descanso, e invariablemente, ennumero las cosas que faltan todavía:

- Una cortina gruesa en la habitación principal para que el sol no nos deslumbre en las mañanas.
- Un par de burós para cada habitación donde cada una pueda tener su vaso de agua y una lamparita.
- Un desayunador en la cocina para las comidas rápidas antes de salir corriendo al colegio.
- Un par de repisas para mi colección de cámaras.
- Un escritorio cómodo para que mi pequeña haga su tarea.

La lista sigue y sigue, y todas estas cosas, a fin de cuentas materiales, harán de este lugar uno más acogedor a donde querer regresar siempre.

Cada vez que hago la lista llego a la conclusión de que faltan imanes en el refri, sí! casi los llamaría una prioridad, antes los usaba para poner el calendario del colegio, los servicios a domicilio, los dibujos que trae de la escuela, las fotos favoritas... en el refri se adivina el ritmo de una familia, sus gustos, intereses y rutinas, imanes de todas formas que llegan a su destino de las más diversas maneras... el amigo que lo trajo de su viaje, el recuerdo de un paseo por la playa, la oferta del super, la promoción del yogurth, el servicio de lavandería...

Poco a poco cada refri cobra vida y color y está siempre a la vista para recordarte que el lugar en el que estás, es tu hogar.

No sé si comprar alguno... tal vez uno o dos, el resto llegará solito para transformar las puertas del refrigerador en el friso de la familia y contar una nueva historia...